El mercado de la inteligencia artificial inicia la semana con un ambiente enrarecido: ni siquiera el espectacular trimestre de Nvidia ha sido capaz de devolver impulso al sector.
Como explica Britney Nguyen, la que fuera “invencible locomotora de la IA” ya no puede sostener por sí sola una narrativa cada vez más presionada por dudas macroeconómicas, señales inquietantes de OpenAI y un giro más defensivo del inversor institucional.
Los resultados del trimestre de octubre fueron, en palabras de DA Davidson, “extraordinariamente buenos”: Nvidia ofreció visibilidad de 500.000 millones de dólares en ingresos ligados a Blackwell y Rubin hasta 2026. Sin embargo, las acciones abrieron al alza y terminaron desplomándose. La analista resume la situación: “El mercado había empezado a fracturarse antes del informe, y ni siquiera un trimestre histórico pudo revertir el ánimo”.
Según Jamie Zakalik (Neuberger Berman), “si un trimestre perfecto no impulsa al sector, no queda ningún catalizador claro para lo que resta de año”.
La analista de Swissquote, Ipek Ozkardeskaya, apunta a las dos señales que han encendido las alarmas:
Aunque no son prácticas irregulares, sí indican que el mercado ha pasado de la euforia a la inspección minuciosa. Ozkardeskaya lo resume así: “La gente empieza a excavar cuando empieza a sentirse incómoda. Y el nivel de incomodidad va en aumento”.
Los datos laborales retrasados y la falta de información oficial generan incertidumbre. Para Mark Malek (Siebert Financial), “los inversores están tan absorbidos por la Fed que han perdido capacidad de análisis racional”. Y la realidad es que los tipos altos pesan más sobre los valores de crecimiento que cualquier trimestre brillante.
Cada vez más analistas apuntan a que el principal riesgo del comercio de IA ya no es Nvidia, sino OpenAI:
Luria lo describe con contundencia: “El mercado vive un PTSD financiero ante el comportamiento de algunos actores en la nube”.
El lanzamiento del Gemini 3 de Google intensificó estas dudas: supera a ChatGPT 5.1 en varias métricas y usa TPU propios, lo que cuestiona la dependencia del sector respecto a Nvidia y aumenta el riesgo competitivo sobre OpenAI.
Aunque Nvidia ha proyectado más de 330.000 millones en ingresos para el próximo año, la gran pregunta es cuánto de ese volumen es sostenible:
Como apunta Singh (Bloomberg Intelligence), “con las cifras tan altas, vuelve la pregunta crítica: ¿quién pagará realmente la factura?”.