Google podría estar sentado sobre uno de los activos más valiosos de todo el universo corporativo sin que el mercado le preste todavía toda la atención que merece. Según explica William Gavin, la participación de Alphabet en SpaceX ha alcanzado una dimensión que, en función de la valoración de una futura salida a bolsa, podría superar la de la mayoría de compañías cotizadas del planeta.
Google invirtió junto a Fidelity 1.000 millones de dólares en SpaceX en 2015, cuando la empresa estaba valorada en apenas 10.000 millones. En aquel momento, ambas firmas controlaban en conjunto alrededor del 10% del capital. Desde entonces, SpaceX ha multiplicado su tamaño con el avance de Falcon 9, el despliegue de Starlink, el desarrollo de nuevos cohetes y la integración de nuevos negocios vinculados al ecosistema de Elon Musk.
Hoy, según recoge William Gavin, la valoración privada de SpaceX ronda ya los 1,25 billones de dólares y algunos escenarios de mercado apuntan incluso a una colocación bursátil en torno a 1,75 o 2 billones. Aunque la participación de Google se ha ido diluyendo con el paso del tiempo, su peso sigue siendo enorme.
La documentación reciente citada por William Gavin sitúa la participación de Google en SpaceX en el 6,11%. Si la empresa debutara con una valoración de 2 billones de dólares, esa posición equivaldría a unos 122.000 millones. Incluso con una valoración de 1,75 billones, el valor rondaría los 107.000 millones.
Hablamos de una cifra que supera la capitalización bursátil de muchas compañías conocidas del sector tecnológico e industrial. Dicho de otro modo: la inversión de Google en SpaceX, por sí sola, podría valer más que empresas completas que cotizan en Wall Street.
El caso no termina ahí. Alphabet también mantiene una relación estrecha con Anthropic, otra gran candidata potencial a protagonizar una futura gran salida a bolsa. Según recuerda William Gavin, Google ya contaba con una participación relevante en la firma de inteligencia artificial, cuyo valor también se ha disparado en los últimos meses.
La lectura de fondo es clara: Alphabet no solo es un gigante publicitario y tecnológico, sino también un vehículo con exposición a algunos de los activos privados más codiciados del mercado. Y eso puede acabar teniendo un peso creciente en la valoración que los inversores asignen al grupo.