Europa Press
El foco del mercado sigue en Oriente Medio, pero cuando se aterriza en cifras concretas, el riesgo directo para la banca europea es bastante limitado. Según la Autoridad Bancaria Europea (EBA), la exposición total del sistema a la región apenas representa menos del 0,5% de los activos.
Dentro de ese contexto, la banca española aparece como la tercera más expuesta de la Unión Europea, con unos 18.563 millones de euros. Pero el dato, aislado, puede llevar a interpretaciones erróneas si no se pone en perspectiva.
El ranking dentro de Europa lo lidera claramente Francia, seguida de Alemania y después España:
Por detrás quedan países como Italia o Países Bajos. Es decir, España tiene peso relevante, pero no es el epicentro del riesgo.
El riesgo existe, pero está muy lejos de ser sistémico.
Además, no toda la exposición tiene el mismo riesgo. La mayor parte se concentra en:
La exposición directa a particulares es mucho menor. Y geográficamente, se concentra sobre todo en países como Emiratos Árabes Unidos, Catar y Arabia Saudí, no en las zonas más conflictivas.
El verdadero problema no está en los balances, sino en los efectos de segunda ronda. La EBA señala varios canales de transmisión del riesgo:
Y esto sí impacta directamente en la banca, a través de más morosidad, menor demanda de crédito y deterioro del ciclo.
El riesgo no está en Oriente Medio, está en cómo afecta a Europa.
El regulador insiste en que los bancos cuentan con colchones de capital sólidos y buena rentabilidad, lo que les permite absorber tensiones de corto plazo.
Además, en el caso español, la exposición relativa es incluso menor si se mide como porcentaje del balance total, lo que refuerza su resistencia.
Nosotros creemos que el mercado está mirando el lugar equivocado.
No es la exposición directa lo que debe preocupar, sino el impacto macro: energía, inflación y crecimiento.
Si el petróleo se estabiliza, la banca puede recuperarse rápido. Si no, el problema no será geográfico, será económico.