Bankinter
Anthropic, una de las compañías privadas más relevantes del sector de inteligencia artificial, ha desactivado temporalmente el acceso a sus dos modelos más potentes, Fable 5 y Mythos 5, tras recibir una orden directa del Gobierno de Estados Unidos por motivos de seguridad nacional.
La medida exige restringir el acceso a ciudadanos extranjeros, tanto dentro como fuera de EEUU. Sin embargo, ante la dificultad de verificar de forma precisa la nacionalidad de cada usuario en tiempo real, la compañía ha optado por bloquear los modelos para todos los usuarios de manera temporal.
La orden llega después de una advertencia sobre riesgos de seguridad realizada por Andy Jassy, consejero delegado de Amazon. La tecnológica mantiene una participación relevante en Anthropic, estimada entre el 15% y el 20%, lo que añade una lectura especialmente sensible al caso.
El episodio refuerza la idea de que los modelos de inteligencia artificial más avanzados están empezando a ser tratados como activos estratégicos, no solo como productos tecnológicos. En la práctica, esto sitúa a empresas como Anthropic, OpenAI o Google DeepMind en una zona cada vez más próxima a la seguridad nacional, la defensa y el control de exportaciones.
La noticia es negativa para Anthropic porque prolonga la tensión con el Gobierno estadounidense. En febrero, la compañía se negó a conceder al Pentágono acceso total a sus modelos de IA, una decisión que provocó que fuese declarada como riesgo para la cadena de suministro.
Como consecuencia, las agencias federales estadounidenses se vieron obligadas a dejar de utilizar su tecnología. La nueva orden supone un paso más en ese deterioro de la relación entre la empresa y la Administración.
El problema no es únicamente operativo. Si una compañía de IA pierde acceso a contratos públicos, queda bajo vigilancia regulatoria y debe restringir sus modelos más avanzados, el mercado empieza a cuestionar su capacidad para competir en igualdad de condiciones frente a otros líderes del sector.
Anthropic no cotiza en Bolsa, pero su valoración estimada ronda los 965.000 millones de dólares. Una cifra de esa magnitud exige una narrativa de crecimiento casi impecable: liderazgo tecnológico, expansión comercial, grandes clientes empresariales y capacidad para competir con OpenAI, Google y otros actores del sector.
La intervención del Gobierno introduce un riesgo nuevo: que la regulación limite el acceso a sus modelos más avanzados, reduzca su mercado potencial o complique su relación con clientes institucionales y corporativos.
El principal riesgo competitivo para Anthropic es perder liderazgo frente a OpenAI. Si sus modelos más avanzados quedan bloqueados, aunque sea temporalmente, la compañía puede ver frenada su capacidad de captar usuarios, cerrar contratos empresariales y demostrar superioridad tecnológica.
Además, en un sector donde la percepción de liderazgo pesa tanto como las métricas reales, cualquier duda sobre disponibilidad, seguridad regulatoria o continuidad del producto puede tener consecuencias importantes.
La lectura final es clara: Anthropic sigue siendo una de las compañías clave de la inteligencia artificial, pero esta noticia aumenta el descuento regulatorio que el mercado podría exigirle en una futura salida a Bolsa. La tecnología puede ser extraordinaria, pero si el Gobierno limita su uso, la valoración tendrá que reflejar ese riesgo.