La llegada de Kevin Warsh a la presidencia de la Reserva Federal nace bajo una imagen delicada. Según Deborah Cunningham, directora de inversiones de mercados globales de liquidez en Federated Hermes, su capacidad para dirigir el banco central dependerá en buena medida de que los mercados crean que no está condicionado por el presidente Donald Trump.
Cunningham considera que la ceremonia de juramento celebrada en la Casa Blanca no favorece precisamente esa percepción de independencia. Fue la primera vez desde Alan Greenspan, bajo la presidencia de Ronald Reagan, que el acto tuvo lugar allí y no en la sede de la Reserva Federal.
Aunque Trump aseguró que Warsh debería ser “totalmente independiente”, la experta subraya que el contexto es relevante. En su opinión, el presidente podría haber optado por no presionarle de forma inmediata porque sabe que una bajada de tipos en junio no parece viable.
Federated Hermes ve prácticamente nula la probabilidad de que el Comité Federal de Mercado Abierto modifique el rango objetivo de los fondos federales, actualmente situado entre el 3,50% y el 3,75%, en la reunión del 16 y 17 de junio.
El repunte de la inflación, la incertidumbre geopolítica y la oposición de los miembros más restrictivos de la Fed reducen el margen para cualquier relajación monetaria inmediata. De hecho, Cunningham considera probable que el nuevo resumen de proyecciones económicas ya no contemple recortes este año.
Incluso podría aparecer alguna señal en el diagrama de puntos apuntando a una posible subida de tipos por parte de algunos responsables de política monetaria.
Uno de los elementos más relevantes será la relación de Warsh con la llamada forward guidance, la orientación futura de la política monetaria. El nuevo presidente de la Fed ha sido crítico con esta herramienta, al considerar que puede limitar la flexibilidad del banco central.
Durante su audiencia de confirmación en el Senado, Warsh defendió que la Fed no debería condicionar en exceso al mercado anticipando sus previsiones y sus puntos de decisión. Sin embargo, Cunningham recuerda que el presidente de la Fed no actúa como un consejero delegado con poder absoluto.
Cambiar o eliminar informes estructurales como el Resumen de Proyecciones Económicas requiere apoyo mayoritario dentro del FOMC. Por tanto, Warsh tendrá que medir bien sus pasos antes de intentar modificar la forma en que la Fed comunica sus decisiones.
En paralelo, mayo fue un mes sólido para los fondos monetarios estadounidenses, que aumentaron sus activos bajo gestión en más de 100.000 millones de dólares, según datos de iMoneyNet citados por Federated Hermes.
Con la Fed manteniendo los tipos sin cambios y un escenario de fondo marcado por la inestabilidad política y geopolítica, Cunningham considera que estos vehículos podrían alcanzar nuevos máximos durante el verano.
Otra señal positiva procede del mercado overnight. La facilidad de recompra inversa de la Fed sigue registrando un uso reducido, tanto en volumen como en número de contrapartes. Para Federated Hermes, cuanto menos necesiten los productos de liquidez recurrir al Gobierno, mejor estará funcionando el sistema.
El inicio del mandato de Warsh llega en un momento especialmente complejo: inflación al alza, tensión geopolítica, tipos todavía elevados y dudas sobre la independencia de la Fed. La primera prueba será convencer al mercado de que sus decisiones no estarán subordinadas a la agenda política de la Casa Blanca.