Por Libby Cantrill, directora de Políticas Públicas de EE UU en PIMCO
Para aquellos que esperaban que los anuncios de aranceles del 2 de abril fueran más de boquilla que de verdad y que pudieran mitigar parte de la creciente incertidumbre observada en los mercados y los datos blandos, es posible que ayer obtuvieran algo muy diferente de lo que esperaban.
El presidente Trump anunció un arancel básico universal del 10 % sobre todas las importaciones a EE. UU., empleando los mismos poderes de emergencia que utilizó para imponer aranceles a Canadá y México (el «IEEPA»), que, por cierto, podrían ser objeto de litigio, dada lo que muchos consideran una lectura extraordinaria (y agresiva) de la ley. Para aquellos países con los que EE UU tiene grandes déficits comerciales de bienes, Trump anunció aranceles aún más altos. El recién anunciado arancel recíproco del 34 % sobre China es adicional o «acumulativo», lo que significa que el arancel mínimo sobre los productos chinos parece ser ahora del 54 %.
¿Qué significa esto para el tipo arancelario efectivo de EE UU? Habíamos estado calculando un tipo arancelario efectivo cada vez más alto durante las últimas semanas y recientemente lo habíamos aumentado a un ~10 % de aumento en el tipo arancelario efectivo (en particular, la mayoría de las empresas de Wall Street apenas estaban calculando aranceles a principios de 2024; nosotros sí, pero podría decirse que resultaron ser demasiado bajos). Los aranceles de ayer, sumados a los demás aranceles anunciados por Trump, podrían aumentar el tipo arancelario efectivo hasta en un 25 % (suponiendo que continúen los aranceles a los productos farmacéuticos y a los Chips), lo que supondría los aranceles más altos que ha visto el país en casi 100 años.
¿Qué significa esto para el crecimiento y la inflación? Si estos aranceles se mantienen, nuestra economista Tiffany Wilding, afirma que podríamos ver cómo el crecimiento del PIB real a corto plazo se detiene o incluso se contrae, con un aumento potencial de la inflación hasta el 4,5 %, si no más. Con el aumento de las probabilidades de recesión y un posible impacto negativo en el mercado laboral, todo esto podría llevar a la Reserva Federal a recortar aún más este año (lo que explica la reacción del mercado). Obviamente, esto depende de la reacción de otros países, pero en términos de represalias.
Una de las mayores preguntas es cuál es la tolerancia al dolor de Trump, es decir, cuánto tiempo se mantendrá con los aranceles y cuál podría ser el catalizador para un giro. Está claro que la suposición de que Trump sería muy sensible a cualquier caída en el mercado de valores no se ha mantenido (de todos modos, teníamos nuestras dudas sobre esa suposición generalizada). Al mismo tiempo, ciertamente no es del todo impermeable a una caída del mercado, ni tampoco al sentimiento público, un rechazo importante en el Congreso o las preocupaciones sobre una recesión. Por lo tanto, es probable que haya un límite en cuanto al dolor que él y su Administración están dispuestos a soportar para reequilibrar la economía, pero aún está por ver cuándo será eso o cómo será. Por ahora, debemos asumir que su tolerancia al dolor es bastante alta y que los aranceles se mantendrán durante un tiempo.
En resumen: Trump 2.0 ha sido maximalista en casi todos los sentidos, y la política comercial no es una excepción. Cualquiera que haya dudado de la seriedad de Trump a la hora de reequilibrar la economía a través de los aranceles y de su profunda creencia en que los aranceles funcionan, debería estar convencido a estas alturas. Aunque esperamos que Trump suavice al menos algunos de estos aranceles en algún momento, queda por ver cuál es el límite, político o de otro tipo, para que cambie de rumbo y lo haga. Suponiendo que los aranceles se mantengan, aunque sea durante unos pocos trimestres, cabe esperar que se produzcan daños económicos, tanto en términos de lastre para el crecimiento, que quizá incluso desemboque en una recesión, como de presión alcista sobre la inflación. Al mismo tiempo, es posible que Trump se incline por los recortes de impuestos, el postre proverbial, que podría acelerarse y ser mayor de lo que se pensaba en un principio, en un esfuerzo por dar al mercado lo que sería un ‘postre’ muy bienvenido, después de una estricta dieta de verduras hasta ahora.
