Este viernes vence el plazo adicional que el presidente Trump otorgó a los países para negociar nuevos acuerdos comerciales con EE. UU., y por fin se observan avances. Durante la última semana, se ha informado que EE. UU. ha alcanzado dos acuerdos importantes: uno con Japón y uno preliminar con la Unión Europea.
Empezando por Japón, los países acordaron que Estados Unidos impondría aranceles del 15 % a las importaciones japonesas, en lugar del 25 % con el que había amenazado previamente. Además, el primer ministro japonés, Shigeru Ishiba, anunció que, a partir de abril, los aranceles sobre automóviles y autopartes se reducirán del 27,5 % al 15 %.
Para ello, según Trump, el "País del Sol Naciente" ha acordado invertir alrededor de 550 000 millones de dólares en Estados Unidos, y se espera que el 90 % de las ganancias permanezca en la economía estadounidense. Lo único es que no está claro de dónde provendrá realmente este dinero, sobre todo teniendo en cuenta el enorme problema de deuda nacional de Japón .
En general, los términos finales del acuerdo comercial aún no se han confirmado oficialmente. El problema es que Japón atraviesa una crisis política interna, lo que complica aún más la situación. Probablemente por eso, aunque el índice Nikkei 225 japonés subió y el USD/JPY cayó tras conocerse la noticia, los rendimientos de los bonos japoneses a 10 años también subieron.
Si esos rendimientos siguen subiendo, podrían afectar negativamente al S&P 500, ya que el capital global podría empezar a fluir de vuelta a Japón debido a rendimientos más atractivos, un escenario que recuerda a la reversión del carry trade de julio de 2024, que causó perturbaciones no sólo en el mercado estadounidense sino también en el europeo.
La situación con el acuerdo de la UE es aún más incierta. Aunque todavía no se ha firmado nada, algunos Estados miembros de la UE han expresado su descontento y advierten que el acuerdo podría afectar a sus economías nacionales, especialmente a Francia y Alemania, al perjudicar a sus industrias manufactureras.
En concreto, se informa que Estados Unidos impondrá un arancel de importación del 15 % a los productos de la UE. Este tipo se aplicaría a automóviles, productos farmacéuticos y semiconductores. A cambio, la UE invertiría 600 000 millones de dólares en la economía estadounidense y compraría energía estadounidense por valor de 750 000 millones de dólares durante los próximos tres años.
Ahora bien, el problema radica en que Estados Unidos simplemente no produce tanta energía para la exportación. En 2024, las exportaciones totales de los principales productos energéticos estadounidenses ( petróleo crudo , GNL, carbón de coque) ascendieron a tan solo 165 000 millones de dólares. Por lo tanto, esas cifras son prácticamente imposibles. Además, la estrategia energética de la UE se basa en la diversificación, no en la dependencia.
Así pues, aunque los mercados celebren las noticias aparentemente optimistas sobre los acuerdos con Japón y la Unión Europea, la realidad de su perspectiva final aún está lejos de ser clara. En cuanto a la posible prórroga del plazo para el aumento de aranceles a China, una vez más, posponer el problema no es lo mismo que resolverlo.