Se prevé que la inflación alcance su nivel más alto desde 2023, y la Reserva Federal vuelve a estar en el punto de mira.

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Capitalbolsa | 10 jun, 2026 09:57 - Actualizado: 09:55
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Puntos clave
  • El IPC de Estados Unidos podría superar el 4% por primera vez desde 2023.
  • El repunte del petróleo y los efectos residuales de los aranceles mantienen la presión sobre los precios.
  • La Fed vuelve a estar bajo presión: los recortes de tipos quedan descartados y el mercado empieza a valorar nuevas subidas.

La inflación estadounidense vuelve al centro del debate de mercado. Según Jeffry Bartash, el IPC de mayo podría situarse por encima del 4% por primera vez en tres años, una señal incómoda para la Reserva Federal y para unos inversores que habían empezado el año confiando en un escenario de tipos más bajos.

El consenso espera que el IPC mensual avance un 0,5%, casi tres veces más de lo habitual en una lectura normal. En tasa interanual, la inflación podría repuntar hasta el 4,2%, frente al 3,8% anterior, lo que supondría el nivel más alto desde mayo de 2023.

El problema para la Fed no es solo que la inflación vuelva a subir, sino que lo hace en un momento en el que los salarios crecen menos que los precios. Eso erosiona poder adquisitivo y complica el consumo.

La Fed vuelve a estar en una posición incómoda

El repunte de la inflación reduce prácticamente a cero la posibilidad de que la Fed recorte tipos a corto plazo. Más aún, si las presiones inflacionistas persisten, el banco central podría verse obligado a contemplar nuevas subidas de tipos durante 2026.

Ese escenario sería negativo para empresas, compradores de vivienda y consumidores que dependen del crédito. Un coste de financiación más alto encarece hipotecas, préstamos empresariales y financiación al consumo, justo cuando los hogares ya se enfrentan a precios más elevados.

El nuevo presidente de la Fed, Kevin Warsh, tendrá que gestionar una situación compleja: inflación más alta, petróleo tensionado y un mercado que empieza a dudar de que la política monetaria pueda relajarse pronto.

El petróleo vuelve a contaminar el escenario de precios

Uno de los principales factores detrás del repunte inflacionista es el encarecimiento del petróleo. Aunque el conflicto con Irán terminara pronto, los consumidores estadounidenses probablemente seguirían pagando más por el combustible durante buena parte del verano.

La temporada de desplazamientos en Estados Unidos y los bajos inventarios globales de crudo dificultan una rápida normalización de los precios. Además, el petróleo caro no solo afecta a la gasolina: también eleva costes de transporte, logística, producción y algunos servicios.

A esto se suman los efectos residuales de los aranceles aplicados el año pasado por la Administración Trump, que todavía presionan algunos bienes y cadenas de suministro. La combinación de energía cara y costes comerciales más altos mantiene viva la presión inflacionista.

Si el petróleo se mantiene elevado, la inflación general puede tardar más en bajar. La gran duda es si ese encarecimiento termina filtrándose también a bienes y servicios, lo que sería mucho más preocupante para la Fed.

La subyacente será la clave real del dato

La Fed suele prestar especial atención a la inflación subyacente, que excluye energía y alimentos, porque ofrece una mejor señal sobre la tendencia de fondo de los precios. En mayo, se espera que esta tasa repunte hasta el 2,9%, frente al 2,8% anterior.

El dato no es alarmante por sí solo, pero sí marca un deterioro frente a la tendencia de hace apenas unos meses. Hace cinco meses, la inflación subyacente había bajado hasta el 2,5%, su nivel más bajo en cinco años, acercándose al objetivo del 2% de la Fed.

Por ahora, la mayoría de economistas no espera que este repunte sea suficiente para forzar una subida inmediata de tipos. La Fed suele esperar para comprobar si las subidas del petróleo se revierten, ya que la inflación general tiende a moderarse cuando la energía deja de subir.

Bienes, servicios y expectativas de inflación

El detalle del informe será decisivo. La Fed vigilará especialmente si la subida de la energía empieza a trasladarse a los bienes: alimentos, ropa, electrónica de consumo, electrodomésticos y otros productos sensibles a transporte y materias primas.

Hasta ahora, los precios de los bienes excluyendo energía han mostrado poco movimiento. En abril crecían a una tasa anual del 1,1%, similar a la registrada en enero. Una aceleración sostenida en esta categoría sería una señal negativa.

El otro foco está en los servicios. Los estadounidenses destinan la mayor parte de su gasto a restauración, ocio, sanidad, banca, vivienda y otros servicios. En los doce meses hasta abril, los precios de los servicios subieron un 3,3%, frente al mínimo de cinco años del 2,9% registrado en enero.

  • Bienes al alza: indicarían que la energía y los aranceles se están filtrando al consumo final.
  • Servicios persistentes: complicarían más la vuelta de la inflación al 2%.
  • Expectativas ancladas: siguen siendo el principal argumento para que la Fed no sobrerreaccione todavía.

Una posible sorpresa positiva

Existe, no obstante, un matiz importante. El cierre parcial del Gobierno estadounidense del pasado otoño pudo distorsionar algunas mediciones recientes, especialmente en servicios y vivienda. Solo ahora las estadísticas oficiales estarían recuperando una lectura más precisa de alquileres y costes de propiedad.

Eso abre la posibilidad de que el IPC de mayo salga algo por debajo de lo esperado. De ocurrir, sería recibido como un alivio por unos mercados especialmente sensibles a cualquier señal de inflación más persistente.

La lectura más importante para los mercados será la subyacente. Si se mantiene contenida, el repunte del IPC general podrá interpretarse como un shock energético. Si también acelera con fuerza, la Fed tendrá menos margen para esperar.

En definitiva, la inflación vuelve a poner a la Fed en el foco. Un dato en línea o algo inferior a lo previsto podría dar aire a bolsas y bonos. Pero una sorpresa al alza, especialmente en la subyacente, reforzaría el temor a tipos más altos durante más tiempo y volvería a presionar a los activos de mayor duración, con la tecnología como principal punto vulnerable.

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