Los datos macroeconómicos publicados en Estados Unidos dejan una lectura mixta, aunque con varios matices importantes para el mercado.
La inflación PCE anual de abril se situó en el 3,8%, en línea con lo esperado, pero por encima del 3,5% anterior. El PCE subyacente anual también cumplió previsiones, en el 3,3%, una décima por encima del 3,2% previo. En cambio, el PCE mensual fue algo mejor de lo previsto, al subir un 0,4% frente al 0,5% esperado y por debajo del 0,7% anterior.
El dato más negativo llegó por el lado del crecimiento. El PIB trimestral del primer trimestre se revisó al 1,6%, por debajo del 2,0% previsto, aunque claramente por encima del 0,5% anterior. Esto apunta a una economía que sigue creciendo, pero con menos fuerza de la esperada. Además, las nuevas peticiones de subsidio por desempleo subieron hasta 215.000, frente a las 211.000 esperadas y las 210.000 anteriores, lo que introduce una ligera señal de enfriamiento laboral.
En consumo, el gasto personal mensual aumentó un 0,5%, en línea con las previsiones, pero por debajo del 1,0% anterior. La lectura de gastos de consumo personal subyacente trimestral repuntó hasta el 4,4%, por encima del 4,3% esperado y del 2,7% previo, lo que mantiene viva la preocupación por las presiones de fondo.
La parte más fuerte del informe llegó por los pedidos de bienes duraderos. El dato general subió un 7,9%, muy por encima del 4,0% esperado y del 1,3% anterior. El dato subyacente avanzó un 1,1%, también mejor que el 0,5% previsto e igualando el dato previo.
En conjunto, los datos no son claramente alcistas ni bajistas. La inflación no sorprende al alza en las referencias principales, lo que debería aliviar algo a los bonos y a la renta variable. Sin embargo, el crecimiento más débil y el repunte de algunas medidas de inflación subyacente impiden una lectura plenamente positiva. Para la Fed, el mensaje sigue siendo incómodo: la economía pierde algo de tracción, pero la inflación continúa demasiado lejos del objetivo.