“Lo más relevante de la decisión de ayer de la FED, aparte de dejar plasmada la división de opiniones dentro del seno del organismo monetario estadounidense, es la victoria temporal del miedo a una rápida desaceleración del crecimiento frente a las presiones inflacionistas que, no olvidemos, continúan siendo razonablemente elevadas.
Los últimos datos de empleo y confianza del consumidor, con sesgo negativo, han sido determinantes para llevar a cabo esta bajada de tipos, no tanto por contentar a un beligerante Donald Trump como para calmar al ámbito inversor, que claramente descontaba este extremo.
No obstante, resulta poco probable que esta decisión represente el comienzo de una nueva senda lineal de reducción en el precio del dinero en EE.UU. No, a menos que veamos una clara contención de la inflación. De lo contrario, podríamos empezar a cotizar riesgo de estanflación en Norteamérica, asunto que, dentro de los escenarios posibles para 2026, se antoja como uno de los más peligrosos para el devenir macro y, por supuesto, para los mercados de activos”.