El mercado ha vuelto a demostrar su capacidad de adaptación. Las nuevas incertidumbres comerciales —tras la entrada en vigor del arancel global del 10% en EE.UU.— y el ruido geopolítico han sido absorbidos principalmente por los bonos. Los tipos a largo plazo han retrocedido hasta el 4% en Estados Unidos y el 2,7% en Alemania, niveles no vistos en tres meses.
Este descenso ha permitido a las bolsas mantener un tono levemente alcista en los últimos días, mientras el petróleo se mueve con volatilidad moderada en el entorno de los 70 dólares por barril.
El nuevo arancel del 10%, aplicado bajo la sección 122 para sustituir gravámenes previamente declarados ilegales, rebaja ligeramente el tipo medio desde el 15% al 12%. Aun así, supone un salto notable frente al 2,5% previo a la guerra comercial.
El efecto presupuestario será moderado —unas pocas décimas adicionales sobre un déficit que ronda el 6% del PIB— pero las incógnitas siguen abiertas: ¿se elevará al 15%? ¿Cómo se gestionará la devolución de aranceles previamente cobrados? ¿Qué ocurrirá tras el límite legal de 150 días?
En definitiva, el impacto inmediato es contenido, pero la incertidumbre estructural persiste.
Los últimos datos laborales estadounidenses apuntan a estabilización: las solicitudes de desempleo se mantienen en niveles bajos y la confianza de los hogares ha mejorado ligeramente en febrero.
Este entorno refuerza la estrategia de espera de la Reserva Federal. El escenario base contempla un único recorte adicional de tipos, frente a los dos que aún descuenta el mercado para el próximo año.
Sin deterioro del empleo ni repunte descontrolado de la inflación, el crecimiento a corto plazo parece sostenido.
En la zona euro, los indicadores de confianza (Comisión Europea, PMI, IFO) apuntan a un crecimiento estable y cercano al potencial a comienzos de 2026.
Pero el dato relevante llega desde Alemania. El PIB del cuarto trimestre de 2025 confirma una reactivación apoyada en la demanda pública. La inversión pública creció un 10% trimestral, señal clara de que el ambicioso plan de estímulos ha empezado a ejecutarse.
Tras años de restricción fiscal, Alemania activa un ciclo inversor que puede actuar como motor para el conjunto de la eurozona en 2026.