Xavier Chapard, estratega de LBP AM,
El comienzo de la semana ha dejado escasas citas económicas, por lo que el mercado se ha centrado en las conversaciones entre EE. UU. y China, que fueron «fructíferas» según ambas partes.
Estamos muy lejos de un acuerdo duradero que resuelva las tensiones entre las dos primeras economías del mundo, pero al menos la tregua se prorroga hasta agosto, como estaba previsto. Este hecho permitió a las bolsas coquetear con sus máximos históricos.
Al mismo tiempo, las exportaciones chinas siguieron resistiendo en mayo y la caída de las exportaciones a EE. UU. se vio compensada por el dinamismo de las exportaciones a otros países asiáticos y a Europa. Sumado a la caída de las importaciones, eso indica que el comercio exterior sigue impulsando la economía china en la primera mitad del año, a pesar de la guerra comercial.
En cambio, el descenso de las importaciones chinas y la continuación de las presiones deflacionistas indican que la demanda interna sigue siendo débil, a pesar de las medidas de apoyo que ya han desplegado las autoridades. Como es probable que el comercio exterior sea mucho menos favorable para China en la segunda mitad del año, las autoridades tendrán que hacer más para evitar una desaceleración brusca a partir del verano.
En la zona del euro, la confianza de los inversores remontó por segundo mes consecutivo en junio, según el índice Sentix, y se sitúa en terreno positivo por primera vez en un año. Aunque estas encuestas deben recibirse con cautela, sí apuntan a que la actividad en el segundo trimestre resiste tras el fuerte crecimiento del primero. Lo anterior concuerda con nuestro escenario (y el del BCE), consistente en una recuperación retrasada en Europa este año, pero no cuestionada.
En EE. UU., la confianza de las pequeñas empresas (NFIB) también se recuperó en mayo tras cuatro fuertes caídas, aunque de forma limitada debido a que persiste un alto grado de incertidumbre política. Probablemente, la conclusión más importante de esta encuesta es que las pymes indican que subirán los precios, pero que los salarios siguen desacelerándose, al igual que el mercado laboral, lo que reduce el riesgo de una inflación persistente más allá del choque de los aranceles.
Así lo sugiere también el descenso (todavía parcial) de las expectativas de inflación de los hogares que se observa en la encuesta de la Fed de Nueva York. El asentamiento de estas expectativas es vital para que la Fed pueda mirar más allá del aumento de la inflación en el segundo semestre y mantener la perspectiva de reanudar con el tiempo los recortes de tipos.
Las cifras de inflación estadounidense que se publican hoy son el último dato importante antes de la reunión de la Reserva Federal de la semana que viene. Deberían evidenciar las primeras señales tangibles de la difusión de las subidas de los aranceles en los precios de los bienes, aunque la aceleración de la inflación debería volverse más evidente únicamente a partir del verano. En cualquier caso, la resistencia de los datos de empleo publicados el pasado viernes empujará a la Reserva Federal a mantener por el momento una postura de espera en relación con los tipos. Seguimos creyendo que la Fed esperará a que aparezcan señales más claras de desaceleración del mercado laboral y del fin del aumento de la inflación antes de reanudar unos recortes de tipos limitados, lo que podría ocurrir hacia finales de año.