El mercado está enviando una señal poco habitual: la probabilidad de una subida de tipos por parte de la Reserva Federal antes del verano ya supera a la de un recorte. Según el Market Probability Tracker de la Fed de Atlanta, las probabilidades de subida se sitúan en el 19,2%, frente al 17,3% de recorte, un giro radical respecto a finales de febrero, cuando el mercado apostaba claramente por una relajación monetaria.
El detonante de este cambio ha sido claro: la guerra entre Estados Unidos e Irán y el consiguiente repunte de las materias primas, especialmente del petróleo. Este movimiento ha reactivado el miedo a un nuevo ciclo inflacionista justo cuando el mercado descontaba un escenario de bajadas de tipos.
Hace apenas unas semanas, la probabilidad de recortes superaba el 39%, mientras que las subidas eran prácticamente descartadas. Hoy, el escenario se ha invertido. El mercado empieza a asumir que la inflación puede volver a ser el problema dominante.
El mensaje es contundente: el petróleo ha cambiado las expectativas de política monetaria en cuestión de semanas.
El repunte del crudo, combinado con señales de debilidad en el mercado laboral, está alimentando el temor a un escenario de estanflación: inflación alta con crecimiento débil. Los últimos datos de precios mayoristas (PPI) han reforzado esta preocupación, con un aumento del 0,7% mensual y del 3,4% interanual.
Este entorno complica enormemente la labor de la Fed. Por un lado, el debilitamiento del empleo justificaría recortes de tipos. Por otro, la presión inflacionista exigiría mantenerlos altos o incluso subirlos. El propio Jerome Powell reconoció este dilema, señalando que la institución se encuentra en un punto de equilibrio muy delicado.
La Fed ha optado por mantener tipos en el rango del 3,5%-3,75%, pero el mensaje es menos claro que en meses anteriores. Powell dejó abierta la puerta a distintos escenarios, reconociendo que los riesgos están divididos: a la baja para el empleo y al alza para la inflación.
Este equilibrio implica que la política monetaria se mantendrá altamente dependiente de los datos en las próximas semanas. El mercado, mientras tanto, empieza a ajustar sus expectativas hacia un escenario más restrictivo de lo previsto inicialmente.
La Fed no ha cambiado aún su política, pero el mercado ya ha cambiado su narrativa.
Un posible escenario de subida de tipos introduce incertidumbre en algunos activos. En el caso del oro, tradicional refugio en entornos inflacionarios, el impacto podría ser mixto: la inflación apoya su precio, pero unos tipos más altos pueden actuar como freno.
No obstante, algunas firmas siguen siendo optimistas y ven potencial para que el oro supere los 5.000 dólares en la segunda mitad de 2026. En renta variable, los sectores que podrían beneficiarse de un entorno de mayor crecimiento asociado a subidas de tipos incluyen tecnología, industriales, materiales y partes del sector energético.
Nuestra lectura es que el mercado está reaccionando con rapidez a un cambio de régimen potencial: de un entorno de recortes descontados a uno donde los tipos podrían mantenerse altos o incluso subir. Esto no implica que la Fed vaya a subir tipos, pero sí que el margen para bajarlos se ha reducido significativamente.
A nivel estratégico, este contexto refuerza la idea de priorizar energía, financieros y compañías con capacidad de trasladar inflación. También vemos valor en sectores industriales y materiales si el crecimiento resiste. En cambio, el oro podría enfrentar más volatilidad si se confirma un escenario de tipos más altos.
El consenso sigue apuntando a un escenario de tipos elevados durante más tiempo, con una recomendación general de prudencia táctica y selección sectorial en un entorno de alta incertidumbre macro.