La ampliación de la operación “Epic Fury” está empezando a pasar factura a las economías asiáticas. Como explica Jules Rimmer a partir de un informe de Natixis Research, el problema no es solo la subida del crudo, sino el efecto en cadena que puede generar sobre inflación, balanzas exteriores, consumo y crecimiento. Asia parte con una vulnerabilidad clara: prácticamente toda la región depende en mayor o menor medida de energía importada de Oriente Medio.
Según recoge Rimmer del análisis firmado por Trinh Nguyen, el encarecimiento del petróleo golpea primero a la cuenta corriente y después se traslada a la economía real vía combustibles más caros o mayores subsidios públicos. Aunque varios países asiáticos todavía mantienen superávits exteriores, ese colchón puede agotarse rápido si el barril se mantiene por encima de los niveles actuales.
El caso de Indonesia es especialmente ilustrativo: su presupuesto de 2026 está construido con un precio medio del petróleo de 70 dólares, muy por debajo de las cotizaciones recientes. Esto complica el control del déficit y aumenta la presión sobre la política económica. Natixis cree además que, tras dejar inicialmente que las divisas absorban parte del shock, varios bancos centrales asiáticos podrían verse forzados a endurecer su política monetaria.
El deterioro no se limita al petróleo. El informe de Natixis subraya que la interrupción de exportaciones de urea desde Oriente Medio ya está elevando los costes globales de fertilizantes, algo especialmente sensible en países donde los alimentos y el transporte pesan entre el 50% y el 70% de la cesta del IPC. En los países más pobres, el golpe social puede ser todavía mayor, porque una proporción más alta de la renta se destina a bienes esenciales.
Además, añade Nguyen, economías como Filipinas e India podrían sufrir por una caída de las remesas procedentes de trabajadores en Oriente Medio. Y los países más expuestos al turismo, como Tailandia, Vietnam o Malasia, afrontan otro problema: menos vuelos, rutas alteradas y un combustible aéreo mucho más caro, lo que encarece viajar y reduce la demanda.
En resumen, el mensaje del informe es que Asia no afronta un simple episodio de volatilidad energética, sino un posible shock macroeconómico amplio, con consecuencias sobre crecimiento, inflación, tipos de interés y mercados bursátiles.