La Reserva Federal vuelve a colocar la inflación en el centro del debate. Según MarketWatch, las actas de la última reunión presidida por Jerome Powell reflejan un aumento del apoyo interno a preparar el terreno para una posible subida de tipos, en lugar de mantener el mensaje de que el próximo movimiento sería necesariamente un recorte.
En la reunión de abril, la Fed mantuvo los tipos sin cambios por tercera vez consecutiva, en el rango del 3,5% al 3,75%. Sin embargo, el tono de las actas fue más restrictivo de lo que esperaba parte del mercado. La mayoría de los miembros mostró preocupación por el riesgo de que la inflación tarde más de lo previsto en volver al objetivo del 2%.
El encarecimiento de la energía y los aranceles siguen trasladándose a los precios finales. Los responsables de la Fed señalaron que los mayores costes del combustible están afectando al transporte, los billetes de avión y los fertilizantes, mientras que también se observan subidas recientes en tecnología de la información y software.
Este punto es importante porque indica que la preocupación ya no se limita al petróleo. Si la inflación empieza a extenderse a otros componentes de la economía, el banco central tendrá menos margen para relajar su política monetaria, incluso aunque la actividad muestre señales de moderación.
El riesgo para los mercados no es solo que la Fed no recorte tipos, sino que el debate empiece a girar hacia una nueva subida si la inflación se enquista por encima del objetivo.
Las actas muestran que varios miembros de la Fed querían eliminar del comunicado la idea de que el siguiente movimiento de tipos sería probablemente una bajada. Ese cambio de lenguaje sería el primer paso necesario para abrir formalmente la puerta a una posible subida.
De hecho, los mercados monetarios ya reflejan ese giro de expectativas. Los operadores asignan una probabilidad cercana al 60% a que la Fed suba tipos antes de diciembre, según los derivados citados por MarketWatch. Es un cambio relevante frente al escenario que dominaba hace apenas unas semanas, cuando el debate principal seguía centrado en cuándo llegarían los recortes.
El relevo al frente de la Reserva Federal añade otro elemento de incertidumbre. Kevin Warsh será investido como nuevo presidente de la Fed, después de que Powell haya celebrado su última rueda de prensa como máximo responsable del banco central.
Aunque Warsh se ha mostrado en el pasado más favorable a los recortes rápidos defendidos por Donald Trump, los economistas dudan de que el conjunto de la Fed esté dispuesto a relajar la política monetaria mientras no desaparezca el riesgo de una inflación persistente. Incluso Trump pareció asumir esta semana que no habrá una bajada de tipos en la próxima reunión de junio.
Sal Guatieri, economista sénior de BMO Capital Markets, considera que la Fed probablemente permanecerá en pausa durante un tiempo, a la espera de mayor claridad sobre la guerra con Irán, el impacto de los aranceles y la trayectoria final de la inflación. En su opinión, aunque el banco central no tiene prisa por subir tipos, esa posibilidad aumentará si los precios siguen mostrando resistencia a la baja.
Otros analistas, sin embargo, creen que el mercado puede estar adelantándose demasiado. Kathy Bostjancic, economista jefe de Nationwide, sostiene que la subida de los precios energéticos podría ser temporal y no trasladarse de forma significativa a la inflación subyacente.
La Fed no está anunciando una subida inmediata, pero sí está preparando al mercado para un escenario más incómodo: tipos altos durante más tiempo y posibilidad de endurecimiento si la inflación no cede.
Para la renta variable, el mensaje es mixto. Una Fed más dura limita la expansión de múltiplos y penaliza especialmente a los segmentos más sensibles a los tipos, como tecnología de larga duración, pequeñas compañías endeudadas y consumo discrecional. En cambio, bancos, aseguradoras y compañías con fuerte generación de caja pueden resistir mejor un entorno de tipos elevados.
La clave será la evolución del petróleo y de la inflación subyacente durante las próximas semanas. Si el shock energético se modera, la Fed podrá mantener una pausa prolongada. Si los precios siguen filtrándose al resto de la economía, el mercado tendrá que ajustar de nuevo sus expectativas de tipos.