Clément Inbona, gestor de fondos en La Financière de l’Échiquier
Con frecuencia, el trabajo de un presidente de banco central se asemeja a un equilibrista encaramado a una cuerda: un verdadero número de funambulismo. El ejercicio es aún más arriesgado cuando se trata de pivotar, es decir, cuando el banco central cambia la trayectoria de sus tipos de interés de referencia. La última reunión de la Reserva Federal estadounidense, celebrada los pasados días 16 y 17 de septiembre, parece un caso de manual.
Debatiéndose entre una inflación de evolución incierta, debido a unos aranceles aumentados por Donald Trump cuyos efectos tardan en materializarse, y un mercado laboral cuyo deterioro se ha acelerado durante el verano, Jerome Powell ha conseguido realizar este ejercicio inestable sin vacilar.
Además de verse acuciado por dos objetivos hoy en día antagónicos (subir los tipos para prevenir que se disparen los precios o bajarlos para evitar que un deterioro del mercado laboral frene el crecimiento), el presidente Powell se ha enfrentado a unas disensiones crecientes entre los miembros de su consejo con derecho a voto. Ya durante la anterior reunión, dos miembros del FOMC (Federal Open Market Committee, el órgano en el que se decide la política monetaria) se mostraron a favor de un recorte de tipos, frente a la mayoría que optó por mantenerlos. Esta vez, Stephan Miran, recientemente elegido miembro del consejo, marcó su entrada dejando clara su voluntad de recortar con fuerza los tipos de interés de aquí a finales de año; así, abogó por otros cinco recortes de tipos hasta diciembre, mientras que el resto de los miembros proyectó únicamente dos en promedio, con un máximo de tres.
Jerome Powell también tuvo que hacer malabarismos entre las presiones políticas y las del mercado de renta fija: el presidente Trump está pidiendo a gritos que la Fed recorte tipos rápidamente y con una intensidad sin precedentes, mientras que el mercado preveía tres recortes de 25 puntos básicos en 2025 y otros tres en próximos años.
El ejercicio de equilibrista alcanza generalmente su punto álgido en el momento de la rueda de prensa que sigue a la decisión de la Fed. En este punto, viene a la mente la famosa frase que pronunció Alan Greenspan: «Si le he resultado excesivamente claro, es que no han entendido bien lo que he dicho». Al contrario que su predecesor, Jerome Powell consiguió explicar su decisión calificándola de risk management cut[1], una señal de que esta rebaja del precio del dinero no es forzosamente el preludio de un ciclo bajista tan fuerte como los mercados prevén. A pesar de lo que supone de burla al mercado, la decisión de Jerome Powell no ha generado inestabilidad, ya que el indicador de volatilidad de los tipos de interés descendió después de su intervención y se mueve en un nivel bajo que no se registraba desde comienzos de 2022.
La buena acogida de esta decisión por parte de los mercados financieros —descenso de los tipos de los bonos, subidas de las bolsas, retroceso de la volatilidad— obedece quizá a los equilibrios del funambulista Powell. Quizá obedece también a una de las enseñanzas de la historia bursátil: cuando la Fed retoma un ciclo de recorte de los tipos tras una pausa, en seis ocasiones de seis la bolsa había subido un año después. Subido al alambre, el equilibrista contaba con un buen aseguramiento