La política comercial de Estados Unidos vuelve a situarse en el centro del mercado. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, ha confirmado que las investigaciones sobre aranceles estarán listas en julio, justo a tiempo para reemplazar el actual régimen temporal. El mensaje implícito es claro: los aranceles no solo se mantendrán, sino que podrían consolidarse en niveles elevados.
El contexto es relevante. Tras el fallo del Tribunal Supremo en febrero, que limitó la capacidad del presidente para imponer aranceles bajo leyes de emergencia, la administración reaccionó rápidamente con un arancel global del 10% bajo la Sección 122, una medida temporal que expira en julio.
Ahora, el objetivo es sustituir ese esquema por otro más duradero apoyado en investigaciones bajo la Sección 301. Lo llamativo es la velocidad: procesos que normalmente tardan entre 12 y 18 meses se están comprimiendo en apenas unos meses, lo que refleja una clara intención de mantener la presión comercial sin interrupciones.
No se trata de evaluar si habrá aranceles, sino de construir una base legal para mantenerlos.
Actualmente, el tipo efectivo de aranceles en Estados Unidos se sitúa entre el 16,9% y el 17,5%, el nivel más elevado desde 1932. Este endurecimiento ya está teniendo impacto macroeconómico, con estimaciones que apuntan a una reducción del crecimiento del PIB de aproximadamente 0,4 puntos porcentuales en 2026.
Además, existe la posibilidad de que el arancel temporal del 10% se eleve hasta el 15% antes de su expiración, lo que reforzaría aún más la presión sobre el comercio global.
Las investigaciones en curso abarcan a decenas de países, incluyendo grandes economías como China, la Unión Europea, Japón o India. El foco está en dos grandes áreas:
El alcance es tan amplio que el resultado parece predefinido: justificar la imposición de nuevos aranceles de forma estructural. Sin embargo, la rapidez del proceso también abre la puerta a nuevos desafíos legales en el futuro.
El riesgo no es solo comercial: es un endurecimiento estructural del comercio global.
El endurecimiento de la política arancelaria llega en un momento delicado, con tensiones geopolíticas elevadas y un entorno energético complicado. La combinación de aranceles altos y petróleo caro podría intensificar los riesgos para el crecimiento global.
Además, los aranceles actúan como un impuesto indirecto sobre empresas y consumidores, elevando costes y reduciendo eficiencia económica. Esto puede traducirse en menores márgenes empresariales y presión adicional sobre la inflación.
Nuestra lectura es que el mercado sigue infravalorando el impacto de un entorno de aranceles estructuralmente elevados. Esto no es una medida puntual, sino un cambio de régimen que puede afectar a cadenas de suministro, márgenes y crecimiento durante varios años.
A nivel táctico, esto refuerza la cautela en compañías industriales globales y sectores altamente expuestos al comercio internacional. En cambio, pueden beneficiarse empresas más domésticas o con capacidad de trasladar precios, así como sectores estratégicos protegidos.
El consenso aún no refleja plenamente este escenario, pero si los aranceles se consolidan en niveles cercanos al 15%-20%, el impacto sobre beneficios y valoraciones será inevitable.