La Reserva Federal de Estados Unidos cumplió con lo esperado y mantuvo su tipo de interés de referencia en el rango del 3,5%–3,75%. Sin embargo, más allá de la decisión monetaria, los inversores estaban mucho más atentos a cualquier señal de presión política sobre una institución que presume de independencia.
El presidente de la Fed, Jerome Powell, se refirió abiertamente al caso legal que afecta a la gobernadora Lisa Cook, un proceso clave para determinar si el presidente estadounidense, Donald Trump, tiene capacidad para destituirla. Powell calificó este litigio como “quizá el caso legal más importante en los 113 años de historia de la Fed”, justificando así su presencia en el proceso.
Powell fue aún más explícito al ofrecer un consejo a su eventual sucesor: “No te metas en la política electoral. No lo hagas”. Un mensaje directo que subraya la delicada línea que separa la política monetaria de los intereses partidistas.
El trasfondo político no se limita a Estados Unidos. En Europa, el primer ministro británico Keir Starmer se encuentra de visita oficial en China, la primera de un líder del Reino Unido a Pekín en ocho años. El viaje parece estar dando frutos, ya que ambos países han anunciado su intención de profundizar la cooperación en sectores clave, según medios estatales chinos.
La temporada de resultados volvió a dominar la atención. Meta Platforms, Microsoft y Tesla publicaron cifras tras el cierre del mercado. Aunque las tres superaron las expectativas tanto en ingresos como en beneficio por acción, la reacción fue desigual: Meta y Tesla subieron, mientras que Microsoft corrigió, reflejando un mercado cada vez más selectivo.
El S&P 500 llegó a tocar por primera vez el nivel de los 7.000 puntos, aunque terminó cerrando ligeramente por debajo. Por su parte, el dólar se fortaleció después de que el secretario del Tesoro negara cualquier intervención en el mercado de divisas.
En Europa, Deutsche Bank anunció beneficios récord en el último trimestre de 2025, mientras que la farmacéutica suiza Roche anticipó un crecimiento de “un dígito alto” en su beneficio por acción principal para 2026, reforzando el tono positivo en el sector.
El gran protagonista volvió a ser el oro, que superó los 5.500 dólares por onza y marcó un nuevo máximo histórico. No obstante, algunos analistas empiezan a advertir de que el mercado de metales preciosos muestra signos de disfunción.
Con Apple aún pendiente de presentar resultados, el mercado sigue cargado de referencias clave, tanto macroeconómicas como empresariales, en un entorno donde política, beneficios y activos refugio se entrelazan cada vez más.