La actividad empresarial de la zona euro volvió a deteriorarse en mayo, según los últimos datos de S&P Global PMI. El índice compuesto de actividad total se situó en 48,5 puntos, frente a los 48,8 de abril, marcando su lectura más baja en dieciocho meses y confirmando que el sector privado europeo continúa en zona de contracción. :contentReference[oaicite:0]{index=0}
El informe apunta a una contracción moderada, pero relevante, de la actividad empresarial. La caída se explica principalmente por la debilidad del sector servicios, mientras que la producción manufacturera logró seguir creciendo, aunque a un ritmo más contenido.
La demanda volvió a mostrar señales de fatiga. Los nuevos pedidos descendieron por tercer mes consecutivo y los pedidos internacionales se debilitaron con especial intensidad, reflejando un entorno exterior menos favorable para las compañías europeas.
El PMI de actividad comercial del sector servicios se situó en 47,7 puntos, ligeramente por encima de los 47,6 de abril, pero todavía claramente por debajo del umbral de 50 que separa crecimiento de contracción.
La actividad en servicios acumula así una nueva caída mensual, presionada por la debilidad de la demanda, el descenso de nuevos pedidos y el aumento de los costes. Además, el empleo en el sector se redujo por primera vez desde enero de 2021, una señal que el mercado no debería ignorar.
La parte más preocupante del informe está en los precios. Los costes de los insumos aumentaron al mayor ritmo en tres años y medio, mientras que los precios cobrados por las empresas alcanzaron su nivel más alto en treinta y ocho meses.
Según Chris Williamson, economista jefe de S&P Global Market Intelligence, los datos apuntan a que la economía de la zona euro podría contraerse en el segundo trimestre si no se produce una mejora clara en junio. Al mismo tiempo, las presiones de precios podrían acercar la inflación a niveles próximos al 4% en los próximos meses.
Por países, la debilidad volvió a estar liderada por Alemania y Francia, las dos mayores economías del bloque. En cambio, Italia y España lograron mantener una expansión de la actividad total del sector privado, aunque con ritmos de crecimiento marginales.
Este comportamiento confirma una eurozona a dos velocidades, con el núcleo económico más presionado y las economías del sur mostrando algo más de resistencia, aunque sin suficiente fuerza como para compensar el deterioro general del bloque.
El dato no es positivo para la renta variable europea. Una economía en contracción y con inflación persistente reduce la visibilidad sobre beneficios empresariales y limita el margen de maniobra del BCE.
Los sectores más sensibles al ciclo económico podrían verse más presionados si los próximos indicadores confirman el deterioro. En cambio, compañías defensivas, valores con fuerte generación de caja y negocios con capacidad real para trasladar precios podrían comportarse mejor en este entorno.