El cambio de escenario macro empieza a consolidarse. Goldman Sachs ha revisado de nuevo a la baja sus previsiones de crecimiento para la Eurozona y, al mismo tiempo, anticipa un giro más restrictivo del Banco Central Europeo, con subidas de tipos en abril y junio.
La revisión es significativa. El crecimiento esperado cae hasta el 0,7%, desde el 1% anterior y muy lejos del 1,4% que se estimaba antes del estallido del conflicto. Es decir, el impacto del shock energético ya empieza a reflejarse en las previsiones.
Más allá del análisis de Goldman, lo relevante es que el mercado ya ha interiorizado este cambio. Según las estimaciones actuales:
El mensaje es claro: el escenario de bajadas de tipos ha desaparecido, al menos en el corto plazo. La inflación, impulsada por la energía, vuelve a dominar el discurso.
El mercado no solo espera subidas: las da prácticamente por hechas.
El ajuste de previsiones deja una combinación incómoda:
Este binomio acerca el escenario a un entorno de estanflación, donde la política monetaria se ve obligada a endurecerse incluso cuando la actividad pierde impulso.
En el caso del Reino Unido, Goldman también ha recortado sus previsiones de crecimiento hasta el 0,6% para 2026, desde el 0,9% anterior y el 1,5% previo al conflicto.
Sin embargo, aquí aparece una divergencia interesante:
Esto refleja el alto grado de incertidumbre actual y la dificultad para anticipar la respuesta de los bancos centrales.
Nosotros creemos que este es el punto clave del mercado actual: crecimiento a la baja con tipos al alza.
Es el peor escenario para los activos de riesgo, porque elimina el soporte monetario justo cuando la economía empieza a debilitarse.
Operativamente, esto refuerza el sesgo defensivo. Hasta que no se estabilicen energía e inflación, el mercado seguirá bajo presión estructural.