España y Portugal se han convertido, para algunos gestores, en el “punto dulce” dentro de Europa: crecimiento sostenido, balances más limpios y una sensación de impulso que cuesta encontrar en otras economías del continente. Según Niall Gallagher, gestor de renta variable europea de Jupiter AM, ambos países llegan a esta fase tras años de reparación financiera y disciplina, y ahora muestran una combinación poco habitual en Europa: fundamentos que mejoran y compañías capaces de generar retornos duraderos.
Gallagher explica que una de las razones más sencillas para ser positivos con Iberia es que el crecimiento se percibe como más real. El empleo se mantiene, los salarios avanzan y, en España, la población en edad de trabajar vuelve a crecer, impulsada por la inmigración. Ese detalle no es menor: sostiene el consumo, la actividad inmobiliaria y la demanda de crédito justo cuando otras partes de Europa siguen atrapadas en una demanda interna más débil y una demografía menos favorable.
Cuando la población activa crece y el empleo aguanta, el crecimiento tiene “piso”: el consumo y el crédito no dependen solo de estímulos o de un trimestre bueno.
Otro pilar central de la tesis son los bancos. Según Niall Gallagher (Jupiter AM), la banca española y portuguesa poco tiene que ver con la de hace diez años: el desapalancamiento y la consolidación han dejado balances más sólidos, modelos de negocio más sencillos y una competencia más racional. Con los tipos en niveles más “normales”, la rentabilidad ha mejorado claramente, y empiezan a aparecer señales tempranas de recuperación del crecimiento del crédito.
Lo más relevante, en su opinión, es que el apalancamiento de hogares y empresas sigue siendo bajo, lo que se traduce en una calidad de activos excepcionalmente fuerte. Además, los niveles de capital son elevados, dando margen para crecer con prudencia y, a la vez, devolver exceso de capital al accionista.
La banca ibérica vuelve a ser “invertible” por una razón simple: menos riesgo estructural y más capacidad de generar rentabilidad sin asumir locuras.
La energía es el tercer gran argumento. Gallagher subraya que España y Portugal cuentan con recursos renovables excelentes —solar y eólica— y eso ya se refleja en precios estructuralmente más bajos de la electricidad frente a buena parte de Europa. Esa ventaja no solo beneficia a los hogares: mejora la competitividad de industrias intensivas en energía y del conjunto de la economía.
Además, los últimos acontecimientos han reforzado la necesidad de invertir más en redes, almacenamiento y resiliencia. Para Niall Gallagher, esto abre un ciclo largo de oportunidades en electrificación e infraestructura de red, con el apoyo añadido de un entorno energético relativamente favorable.
El turismo y los servicios siguen actuando como motor. Ambos países continúan atrayendo visitantes, sosteniendo empleo, ingresos fiscales y facturación corporativa. La diferencia frente a otros ciclos es que este crecimiento llega acompañado de mayor disciplina fiscal y finanzas públicas más sostenibles, lo que reduce el riesgo de desequilibrios.
Según Jupiter AM, Iberia ofrece algo cada vez más raro en Europa: fundamentales al alza, valoraciones razonables y compañías capaces de ofrecer retornos duraderos.
En conjunto, la visión de Niall Gallagher (Jupiter AM) es clara: el atractivo de España y Portugal no se construye sobre esperanza o promesas políticas, sino sobre un progreso constante y visible. Por eso, el gestor se muestra cómodo manteniendo un sesgo positivo hacia Iberia dentro del universo europeo.