Adam Darling, Gestor de inversiones, Renta fija y Leon Wei, Analista de inversiones, Renta fija
Abril fue el mes más cruel del año para los precios del petróleo. Durante ese mes, el crudo cayó hasta su nivel más bajo en más de cuatro años después de que el presidente Donald Trump desvelara la política arancelaria de su «America First».
Los elevados aranceles recíprocos hicieron temer una fuerte desaceleración del crecimiento mundial y proyectaron sombras sobre la demanda de crudo. Los precios del petróleo se recuperaron levemente a finales de abril, cuando Trump decretó una pausa de 90 días en la aplicación de los aranceles más altos. Sin embargo, en mayo los precios regresaron a los mínimos de abril tras el acuerdo de la OPEP+ para aumentar la producción.
Los bonos de empresas energéticas fueron los más afectados por la fuerte caída de los precios del petróleo en abril y mayo y cotizaron como si se hubiera confirmado una recesión profunda, pese a que la deuda corporativa de otros sectores se recuperó ante la opinión del mercado de que «Taco» Trump daría marcha atrás a sus pronunciamientos más extremos para evitar la recesión y el colapso del mercado. Esta divergencia nos pareció ilógica y nos ayudó a llegar a la conclusión de que el sector energético estaba barato en términos relativos.
También creíamos que los precios del petróleo no permanecerían hundidos durante mucho tiempo, porque un desplome prolongado habría hecho económicamente inviable para los productores marginales seguir extrayendo crudo, lo que en última instancia habría dado lugar a una recuperación de la cotización. Esta tensión inherente entre oferta y demanda explica por qué los mercados de materias primas suelen equilibrarse a medio-largo plazo por medio de una clara tendencia de reversión a la media en los precios que los mercados suelen pasar por alto en los momentos de pesimismo y optimismo extremo. Estos factores nos animaron a adoptar una visión contraria al consenso y más favorable en nuestra exposición al sector energético.
Nos hemos asegurado de que las empresas energéticas seleccionadas tengan un perfil crediticio sólido y la capacidad de resistencia necesaria para soportar un largo periodo de precios bajos del petróleo. Algunos de los títulos a los que tenemos exposición en el sector de la exploración y producción de petróleo son Karoon Energy, Saturn Oil & Gas, Azule Energy y Talos Energy. Todos estos bonos se han recuperado con fuerza desde sus mínimos de abril.
La visión del mercado sobre el sector energético ha mejorado sustancialmente desde los mínimos posteriores al «Día de la Liberación». Al combinar una sólida evaluación de los riesgos macroeconómicos con un análisis de los fundamentales crediticios, pudimos armarnos de confianza para adoptar una postura contracorriente en un momento de tensión en los mercados. Como hemos indicado, nuestro proceso de selección se articula sobre análisis y estudios crediticios en los que prestamos una gran atención a la liquidez, el apalancamiento y la generación de flujo de caja. También tenemos en cuenta el atractivo relativo de los bonos en cartera frente a sus competidores. Nuestro objetivo es generar alfa identificando aquellos bonos que pensamos que ofrecen la oportunidad para obtener las rentabilidades ajustadas al riesgo más atractivas frente al mercado.