El arranque de 2026 deja una lectura ambigua para la industria china. El PMI manufacturero del sector privado mostró en enero una ligera mejora, suficiente para mantenerse por segundo mes consecutivo por encima del umbral de los 50 puntos, pero todavía lejos de reflejar una recuperación sólida y autosostenida. El dato aporta algo de alivio, aunque limitado, en un contexto marcado por presiones de costes crecientes y una confianza empresarial que vuelve a deteriorarse.
El índice general se situó en 50,3 puntos, frente a los 50,1 del mes anterior. La mejora es marginal y encaja más con una estabilización que con una aceleración real de la actividad. La producción aumentó ligeramente, impulsada por un mayor volumen de nuevos pedidos, especialmente desde el exterior.
La demanda externa volvió a ser el principal sostén del sector, con especial protagonismo de los mercados del sudeste asiático. Este repunte permitió compensar parcialmente la debilidad persistente del consumo interno, que sigue lastrado por precios elevados y una confianza doméstica frágil. Aunque los nuevos pedidos encadenan varios meses de crecimiento, el ritmo continúa siendo limitado.
Ante el ligero aumento de la carga de trabajo, las empresas incrementaron plantilla por primera vez en tres meses. El avance fue modesto, pero suficiente para reducir los pedidos pendientes por primera vez desde mediados de 2025. Este ajuste apunta a una mejora puntual de la eficiencia operativa, más que a una expansión estructural de la capacidad.
La actividad de compras también se intensificó, con un segundo aumento consecutivo de los inventarios de insumos, mientras que las existencias de productos terminados continuaron cayendo. Las compañías priorizan cumplir pedidos antes que acumular stock, una señal clara de cautela.
El principal foco de preocupación vuelve a situarse en los costes. Los precios de los insumos aumentaron al ritmo más rápido de los últimos cuatro meses, impulsados sobre todo por el encarecimiento de los metales dentro de un contexto más amplio de repunte de las materias primas.
Como consecuencia, los precios de fábrica subieron por primera vez desde finales de 2024, y los precios de exportación registraron el mayor incremento en aproximadamente un año y medio. Este cambio de tendencia introduce un riesgo claro para los márgenes, especialmente si la demanda no acompaña.
El problema es que la capacidad de trasladar estos mayores costes al cliente final sigue siendo limitada, en un entorno donde el consumidor chino permanece prudente y las condiciones financieras aún no estimulan un gasto más decidido.
Pese a la ligera mejora del PMI privado, la confianza empresarial cayó a su nivel más bajo en nueve meses. Las compañías muestran inquietud por el aumento de los costes y la incertidumbre económica general, lo que refuerza la idea de un ciclo todavía frágil.
La divergencia con el PMI oficial, que reflejó contracción en enero tanto en manufacturas como en servicios, subraya una recuperación muy desigual: exportaciones mostrando cierta resiliencia frente a una demanda interna que continúa sin despegar. Sin un apoyo político más contundente o una reactivación clara del consumo, el escenario apunta más a estabilización que a crecimiento sostenido.