El informe de inflación de diciembre, que se publica este martes 13 de enero, podría convertirse en un auténtico punto de inflexión para los mercados. Según el análisis de Mott Capital Management, este dato será clave para determinar si la moderación vista en noviembre fue una simple distorsión estadística o una verdadera señal de alivio inflacionario.
La señal más incómoda llega desde el mercado de swaps de IPC, que está descontando una inflación interanual cercana al 3%, claramente por encima tanto de las previsiones de los analistas como de lo que reflejan los mercados de apuestas. Esta divergencia es inusual y sugiere que el riesgo de sorpresa al alza está infravalorado.
El consenso espera que el IPC general y el subyacente aumenten un 0,3% mensual en diciembre, con una tasa interanual del 2,7%. Ese escenario es compartido por los analistas y por el mercado de apuestas. Sin embargo, los swaps están contando otra historia: el nivel implícito del índice sugiere una aceleración significativa frente a noviembre.
Una de las explicaciones que se barajan es que el cierre parcial del gobierno federal pudo distorsionar los datos de inflación de noviembre, del mismo modo que afectó al informe de empleo. De hecho, ese informe mostró revisiones relevantes tanto en la tasa de paro como en los salarios, reforzando la idea de que puede haber “ruido estadístico” todavía por corregir.
Cuando swaps, analistas y mercados de apuestas discrepan tanto, el historial sugiere que el mercado suele estar mal posicionado para el dato.
Un IPC más caliente de lo esperado podría ser el catalizador que saque al Treasury a 10 años de su fase de consolidación. Técnicamente, el análisis apunta a una posible figura de suelo múltiple y a un impulso alcista en indicadores de momento. Una ruptura clara por encima del 4,2% abriría la puerta a niveles cercanos al 4,45% en las próximas semanas.
Hasta ahora, el mercado de bonos ha absorbido bien los riesgos recientes —informe de empleo y tensiones políticas—, en parte porque la volatilidad implícita se ha mantenido contenida. Pero precisamente ahí reside el riesgo: tanto el índice MOVE como la volatilidad asociada a ETFs de deuda se encuentran en niveles bajos, lo que deja al mercado expuesto a un repunte brusco si el dato sorprende.
La combinación de expectativas complacientes y posicionamiento estrecho suele ser peligrosa en vísperas de un dato clave. Si el IPC valida lo que descuentan los swaps, el ajuste podría ser rápido: subidas de rentabilidades, mayor volatilidad en bonos y contagio a otros activos sensibles a tipos.
En resumen, el IPC de diciembre tiene más papeletas de lo habitual para mover mercado. No solo por el nivel del dato, sino porque puede confirmar que la inflación está lejos de estar controlada, justo cuando los inversores empiezan a asumir un escenario de tipos más benigno para la segunda mitad del año.