El contundente informe de empleo publicado el viernes fue recibido como una mala noticia por Wall Street. No porque contratar más trabajadores sea negativo en sí mismo, sino porque el mercado teme que una economía más resistente obligue a la Reserva Federal a mantener una política monetaria más dura durante más tiempo.
Según Vlad Signorelli, presidente de Bretton Woods Research, esa lectura puede ser equivocada. En su opinión, la Fed no debería “castigar” a la economía simplemente porque el mercado laboral muestre fortaleza. El dato de mayo, con 172.000 nuevos empleos frente a una previsión de apenas 88.000, rompió la narrativa de desaceleración, pero no demuestra necesariamente que la economía esté sobrecalentada.
Uno de los puntos centrales del análisis es que los salarios por hora no se aceleraron. Crecieron exactamente en línea con lo previsto. Para Signorelli, esto es importante porque indica que el informe de empleo no refleja una espiral inflacionista de salarios, sino una economía que empieza a recuperar capacidad productiva.
La reacción inicial del mercado de bonos fue inmediata: la rentabilidad del Treasury a 10 años repuntó con fuerza. Pero, para el autor, esa respuesta fue demasiado mecánica. Un mercado laboral más firme no debería traducirse automáticamente en más presión para subir tipos.
La tesis principal: la Fed no puede crear más energía, más fábricas, más electricistas, más transformadores ni más capacidad de inteligencia artificial subiendo los tipos. Al contrario, unos tipos más altos encarecen la inversión necesaria para resolver esos problemas.
Signorelli interpreta los últimos datos de forma distinta a los halcones monetarios. La mejora de la producción manufacturera, los nuevos pedidos, las ofertas de empleo y los bienes duraderos no apuntan necesariamente a una demanda descontrolada, sino a una economía que podría estar reconstruyendo su lado de la oferta tras años de restricciones.
Este matiz es clave. Muchos de los problemas de precios actuales proceden de factores de oferta: aranceles, tensión energética en el Golfo Pérsico, materiales de construcción, falta de trabajadores cualificados o cuellos de botella ligados a la inteligencia artificial. Subir tipos no resuelve esos problemas de manera rápida ni eficiente.
De hecho, puede agravarlos. Una política demasiado restrictiva encarece el capital, retrasa proyectos industriales y frena la inversión en automatización, capacidad energética, fábricas y productividad. Justo lo contrario de lo que la economía necesita para aliviar las presiones de precios.
El artículo defiende que la Fed debe distinguir entre inflación monetaria sostenida y subidas puntuales de precios provocadas por shocks de oferta. Los aranceles elevan costes de importación. Las tensiones en Oriente Medio pueden encarecer la energía. La escasez de mano de obra cualificada puede presionar salarios en determinados sectores. Pero no todo eso se combate eficazmente con tipos más altos.
Para Signorelli, el viejo reflejo de la Fed consiste en sospechar de cualquier mejora económica. Si aumenta el empleo, teme sobrecalentamiento. Si mejora la producción, teme exceso de demanda. Si baja el paro, interpreta que debe seguir endureciendo. Esa visión, según el autor, puede terminar convirtiéndose en una política de estancamiento gestionado.
El mensaje de fondo es claro: una economía más fuerte no debería ser tratada automáticamente como un problema. Si la expansión está ganando una nueva fase, la Fed debería evitar frenar la inversión que puede aumentar la productividad y reducir los cuellos de botella.
El próximo punto de atención será la reunión de la Fed del 17 de junio. El mercado no espera una subida inmediata, pero sí ha empezado a descontar una probabilidad elevada de endurecimiento antes de final de año. Signorelli considera que ese giro es prematuro.
La clave estará en comprobar si los próximos datos confirman una recuperación real del mercado laboral. Para ello, el autor señala un indicador concreto: las renuncias voluntarias. Cuando los trabajadores empiezan a dejar empleos por mejores oportunidades, suele ser una señal de confianza en la economía. Ese elemento todavía falta para confirmar plenamente la mejora.
En resumen, el informe de empleo fue negativo para las bolsas porque disparó el miedo a tipos más altos. Pero la interpretación de Signorelli es distinta: el dato no justifica necesariamente nuevas subidas de tipos. Puede estar mostrando una economía que empieza a sanar, no una economía que necesita ser frenada.