"El consenso del mercado espera nuevos recortes por parte de la mayoría de los grandes bancos centrales"

Xavier Chapard (LBPAM)

CapitalBolsa
Capitalbolsa | 05 mar, 2025 11:21 - Actualizado: 19:11
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La práctica totalidad de los bancos centrales se ha embarcado en un ciclo de recortes de los tipos de interés. La única excepción, a modo de movimiento asíncrono, es Japón, donde una dinámica económica inusitada ha posibilitado el endurecimiento monetario del banco central.

Jalonado por importantes factores de incertidumbre, el entorno macroeconómico se caracteriza por unas perspectivas de crecimiento moderado y desigual. Las fuentes de inestabilidad abundan, ya sean las medidas proteccionistas y aislacionistas de EE. UU., los conflictos en Ucrania y Oriente Próximo y las debilidades políticas de Europa.

Si bien se ha observado una mejoría de los indicadores coyunturales en los países desarrollados, el crecimiento sigue siendo también dispar. Lo apreciamos en un plano geográfico, ya que EE. UU. sigue participando considerablemente en el crecimiento mundial desde una óptica relativa, mientras que China y la zona del euro han sufrido una ralentización acusada de la actividad. Y también sectorial, ya que los servicios han sostenido el crecimiento en 2024, mientras que la industria lo ha lastrado en el conjunto de las regiones económicas.

Convergencia a la baja de los tipos de interés de referencia

Este contexto, sumado a la normalización gradual de las presiones inflacionistas, ha llevado a los bancos centrales de los países desarrollados a poner en marcha un ciclo de relajación monetaria que, en estos momentos, es generalizado. Este ciclo se caracteriza por trayectorias descendentes en los tipos de referencia. Así, al igual que el Banco Central Europeo (BCE), el Banco de Inglaterra (BoE) o la Fed, el banco central australiano acaba de empezar a recortar sus tipos de interés (-25 puntos básicos, hasta el 4,1 %). El consenso del mercado espera nuevos recortes por parte de la mayoría de los grandes bancos centrales de aquí a finales de año.

Por lo tanto, la orientación converge, aunque el ritmo difiere. Al margen de la pausa actual decretada por la Reserva Federal de EE. UU., el BoE debería desmarcarse con descensos más moderados que los del BCE. La postura de la Fed se explica por el hecho de que la tasa de inflación subyacente sigue estando muy por encima del objetivo y los indicadores de coyuntura, sobre todo el empleo, muestran bastante dinamismo. En esta misma línea, el Banco de Inglaterra contempla una reducción «progresiva y prudente» de sus tipos, habida cuenta de la resistencia del PIB en el último trimestre de 2024 (+0,1 %[1]) y el aguante del mercado laboral, a lo que hay que sumar unas presiones salariales al alza que siguen siendo demasiado fuertes en el sector privado. Estas evoluciones han hecho menos urgente la necesidad de relajar rápidamente las condiciones monetarias en el Reino Unido.

Japón: ¿Una nueva era?

En una suerte de movimiento asíncrono, el Banco de Japón es el único instituto emisor del G10 que actualmente está endureciendo la política monetaria. El ascenso de los tipos que está en marcha desde hace un año debería continuar en 2025. El aumento de los precios —una tendencia no vista desde hace décadas— parece sostenible y permite al PIB nipón superar la cifra objetivo de 600 billones de yenes que el ex primer ministro Shinzo Abe había establecido para el año 2020.

Este endurecimiento monetario no cuestiona el rebote económico. Este se acentuó en el tercer y cuarto trimestre de 2024, periodos que dejaron crecimientos del 1,7 % y el 2,8 %, respectivamente, en tasa anualizada[2]. Este avance se apoya en la normalización del comercio exterior, la fortaleza del consumo interno (estimulado por las rebajas de impuestos) y la reactivación de la inversión empresarial.

Con su viaje en solitario, el Banco Central de Japón está poniendo de relieve un «pequeño milagro» tras cuatro decenios de atonía económica, entre espirales deflacionistas y déficits de productividad estructurales. Japón va, pues, camino de labrarse unas nuevas perspectivas más prósperas.

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