Jack Janasiewicz, gestor de carteras y estratega principal de carteras en Natixis Investment Managers Solutions
El fuerte encarecimiento de la energía ha vuelto a colocar a los grandes bancos centrales en una situación incómoda. El problema es claro: cuanto más sube el petróleo, mayor es el riesgo de inflación, pero también crece la amenaza de desaceleración económica. Eso debilita la capacidad de reacción de la política monetaria y obliga a cada institución a responder según su mandato y la situación de partida de su economía.
La Reserva Federal parte de una posición particular, ya que su mandato incluye tanto estabilidad de precios como pleno empleo. Ese doble objetivo complica su respuesta actual: si endurece demasiado para frenar la inflación, puede agravar el enfriamiento del mercado laboral; si espera demasiado, corre el riesgo de que las expectativas de inflación se desanclen.
Según el análisis de Jack Janasiewicz, la Fed parece optar por una estrategia de esperar y ver. El mercado ya ha retrasado sus expectativas de recortes de tipos hasta 2027, pero eso no implica necesariamente que vayan a llegar subidas de inmediato. Al tratarse de un shock de oferta, la Fed prefiere dejar que los precios altos destruyan parte de la demanda antes de actuar de forma más agresiva.
La idea central es sencilla: la Fed quiere evitar que una subida de tipos precipite una recesión justo cuando el mercado laboral ya empieza a debilitarse.
El BCE afronta un escenario distinto. Europa sufre especialmente las disrupciones energéticas, que afectan tanto a la oferta como a la demanda y erosionan renta y crecimiento. Aun así, el banco central europeo suele reaccionar de forma más sensible ante los riesgos de inflación que la Fed, en parte porque no tiene un mandato explícito de pleno empleo.
La última reunión reforzó esa idea. Christine Lagarde dejó entrever que el BCE ha pasado de estar en una “buena posición” a una “buena base”, una formulación que el mercado interpreta como preparación para empezar a subir tipos. De hecho, ya se descuentan casi tres subidas para finales de 2026.
En el caso del Banco de Japón, la expectativa es más estable. La entidad ya estaba en proceso de ajuste y, según este análisis, mantendría ese rumbo sin introducir cambios importantes derivados del conflicto con Irán.
En conjunto, la conclusión es clara: la Fed probablemente seguirá en pausa, el BCE es el candidato más claro a endurecer su política en el corto plazo y el BoJ mantendrá su trayectoria. El cambio más relevante respecto a lo que esperaba el mercado vendría, por tanto, de Europa.