El Banco Central Europeo ha empeorado su visión sobre la economía de la eurozona. Según explica Europa Press, las nuevas proyecciones del organismo incorporan ya el impacto inicial del conflicto en Oriente Próximo y dibujan un escenario más incómodo: más inflación y menos crecimiento.
El BCE espera ahora que la inflación media de la eurozona se sitúe en el 2,6% en 2026, frente al 1,9% que proyectaba en diciembre. Para 2027 prevé un 2% y para 2028 un 2,1%, lo que confirma que el proceso de normalización de precios será más lento de lo esperado.
Según el organismo, esta revisión al alza se explica sobre todo por el encarecimiento de la energía derivado de la guerra. Además, la inflación subyacente también se mueve en niveles más altos de los anticipados, reflejando que parte de ese shock energético se traslada al resto de la economía.
En paralelo, el BCE recorta sus previsiones de actividad. La economía de la eurozona crecerá un 0,9% en 2026, tres décimas menos de lo previsto anteriormente. Para 2027 estima un avance del 1,3%, mientras que para 2028 mantiene el 1,4%.
Según recoge Europa Press, esta rebaja responde al impacto del conflicto sobre las materias primas, la renta real de los hogares y la confianza global. Aun así, la institución confía en que el empleo, los balances privados y el mayor gasto en defensa e infraestructuras sirvan de cierto apoyo a la actividad.
El BCE también ha trabajado con escenarios alternativos y el mensaje es claro: si la alteración del suministro de petróleo y gas se prolonga, la inflación subiría aún más y el crecimiento quedaría por debajo del escenario central.
Eso deja a la eurozona en una posición delicada. No estamos ante una recesión asegurada, pero sí ante un entorno mucho más frágil, donde cualquier nueva tensión energética puede complicar la hoja de ruta monetaria.
El BCE confirma el peor mix posible para mercado y economía: inflación al alza con crecimiento a la baja. Eso reduce margen para bajadas de tipos agresivas y mantiene la presión sobre bolsas, consumo y sectores más sensibles al ciclo.
Nosotros seguiríamos priorizando compañías con capacidad de trasladar precios, negocios defensivos y exposición limitada al coste energético. En este entorno, utilities de calidad, defensa, infraestructuras y ciertos valores de energía siguen teniendo más lógica que sectores muy dependientes del consumo o del crédito barato.
La clave de las próximas semanas estará en si el shock energético se modera. Si no ocurre, el mercado tendrá que empezar a descontar un escenario de estanflación más serio del que ahora mismo refleja.