La presidenta de la Reserva Federal de San Francisco, Mary Daly, ha dejado un mensaje bastante claro: si los precios del petróleo vuelven a moderarse, un recorte de tipos no queda descartado. La clave, por tanto, no está solo en el repunte actual de la inflación, sino en comprobar si el shock energético termina siendo persistente o si empieza a diluirse con una cierta rapidez.
Daly reconoció que la Reserva Federal ya tenía trabajo pendiente antes de la crisis del petróleo y que ahora ese reto es todavía mayor. Si la inflación sigue elevada durante más tiempo del previsto, la institución mantendrá una postura de espera hasta tener la seguridad de que vuelve a encaminarse hacia su objetivo.
El problema es que el encarecimiento del crudo no solo complica la inflación, sino que también puede dañar el crecimiento. Y ahí aparece el dilema clásico de política monetaria: frenar los precios sin castigar demasiado la actividad económica ni el mercado laboral.
Según Daly, ese efecto ya está empezando a notarse en el comportamiento de los consumidores. El aumento de precios se refleja en decisiones cotidianas, como una menor disposición a viajar por el encarecimiento de los costes. Es decir, la presión energética ya no es solo una cuestión de mercado, sino algo que empieza a trasladarse al gasto de los hogares.
Aun así, la dirigente de la Fed insistió en que los fundamentos de la economía estadounidense siguen siendo sólidos y que el mercado laboral continúa estable. Eso da cierto margen al banco central, aunque no elimina la tensión entre sus dos objetivos: estabilidad de precios y empleo.
Daly subrayó que es extremadamente importante devolver la inflación al 2%, pero también advirtió de que lograrlo a costa del empleo dañaría gravemente a las familias. Ese matiz es relevante porque confirma que la Fed no quiere reaccionar de forma mecánica a un repunte inflacionista si este termina siendo temporal.
En ese contexto, la presidenta de la Fed de San Francisco dejó entrever que unos datos elevados de IPC no sorprenderán a nadie. El mercado ya da por hecho que los próximos indicadores recogerán el efecto del petróleo. La cuestión verdaderamente importante no es esa, sino cuánto dura el shock.
Y ahí es donde Daly puso el foco decisivo: la verdadera pregunta es si el alto el fuego se mantendrá. Si la tregua aguanta y el petróleo vuelve a ceder, el repunte del IPC podría quedar rápidamente atrás. Si no aguanta, la inflación energética ganará persistencia y la Fed tendrá menos margen para suavizar su postura.
En otras palabras, el banco central mira hoy más a la evolución del crudo y del conflicto que al dato aislado de inflación. Porque, al final, la política monetaria no se decidirá por una sola lectura mensual, sino por la duración real del shock energético.