La jornada estará marcada por la publicación de los PMI preliminares, que ofrecerán una primera fotografía sobre la evolución de la actividad económica en las principales economías desarrolladas. Según Giuseppe Dellamotta, estos indicadores serán la referencia más relevante del día, especialmente en un contexto de menor tensión geopolítica y caída de los precios del petróleo.
Durante la sesión europea, el foco estará en los PMI preliminares de las principales economías de la eurozona y del Reino Unido. Tras el final de la guerra entre Estados Unidos e Irán y con el petróleo cotizando a niveles más bajos, el mercado podría esperar una mejora del sentimiento empresarial.
El punto delicado es que una economía más resistente también puede mantener vivas las presiones inflacionistas. Esa combinación podría obligar a los bancos centrales a conservar un sesgo restrictivo durante más tiempo, incluso si el mercado empieza a descontar un entorno algo más favorable.
En la sesión americana, la principal referencia será también el PMI preliminar de Estados Unidos. El PMI de servicios se espera en 51,1, frente al 50,7 anterior, mientras que el manufacturero podría moderarse hasta 54,6, desde 55,1.
Salvo que se produzcan desviaciones importantes frente a lo esperado, Dellamotta no prevé una reacción significativa del mercado. La razón es clara: los inversores están mirando ya hacia los próximos datos de empleo no agrícola y IPC, que serán mucho más determinantes para ajustar las expectativas sobre la reunión de julio de la Reserva Federal.
Actualmente, la probabilidad de una subida de tipos en julio se sitúa en torno al 34%, por lo que cualquier dato que refuerce la idea de una economía fuerte y una inflación persistente podría mover de nuevo esas expectativas.
La sesión no parece cargada de referencias capaces de cambiar por sí solas la dirección de los mercados, pero sí puede servir para medir el equilibrio entre crecimiento, inflación y expectativas de tipos. Unos PMI mejores de lo esperado podrían apoyar a los activos de riesgo a corto plazo, aunque también alimentarían el temor a que los bancos centrales mantengan una postura más dura durante más tiempo.