Xavier Chapard, estratega de LBP AM
La gran pregunta no es solo si estamos entrando en una fase de estanflación, sino qué intensidad puede alcanzar y cuánto tiempo puede durar. Por ahora, el mercado se mueve entre dos fuerzas opuestas: por un lado, la expectativa de una salida relativamente rápida al conflicto con Irán; por otro, el riesgo evidente de una escalada real si EE. UU. termina optando por una intervención terrestre.
La contradicción es clara. Washington sostiene que las negociaciones avanzan, pero mantiene al mismo tiempo la amenaza militar. Irán, mientras tanto, niega cualquier acercamiento y endurece sus exigencias para aceptar un alto el fuego, incluyendo garantías de seguridad, reparaciones de guerra y el reconocimiento de su autoridad sobre el estrecho de Ormuz. A eso se suma la presión creciente de China e India para que se normalice el flujo de crudo hacia Asia.
Las primeras encuestas de marzo ya apuntan con bastante claridad a una crisis de corte estanflacionista. Los indicadores de costes y precios repuntan con fuerza y empiezan a aparecer tensiones en las cadenas de producción. Es decir, la inflación vuelve a ganar protagonismo justo cuando el crecimiento pierde tracción.
Aun así, el deterioro no parece, de momento, definitivo. El escenario base sigue siendo relativamente constructivo a medio plazo, apoyado en la hipótesis de una desescalada tras varias semanas de tensión y una corrección de los precios energéticos durante el segundo trimestre. El riesgo es que ese escenario convive con una probabilidad todavía elevada de deriva mucho más negativa.
Europa está recibiendo el impacto más duro, algo lógico dada su dependencia energética. El PMI de la zona euro ha caído de 51,9 a 50,5 puntos, aún en expansión, pero claramente debilitado. Al mismo tiempo, los índices de precios repuntan hasta máximos de dos años, dejando al BCE en una posición especialmente incómoda. Christine Lagarde ha optado por ganar tiempo y esperar más información antes de mover ficha.
En EE. UU., el enfriamiento es más suave. El PMI de S&P Global ha bajado de 51,9 a 51,4 puntos y el mercado laboral todavía ofrece cierta resistencia. Pero eso no significa inmunidad: también allí suben con fuerza los indicadores de precios, lo que reduce la probabilidad de recortes de tipos a corto plazo por parte de la Fed.
En resumen, el mercado todavía puede convivir con una estanflación moderada y temporal. Lo que no soportaría igual de bien sería una crisis energética larga, un bloqueo persistente en Ormuz o una escalada militar que convierta un shock transitorio en un problema estructural.