La sesión de hoy llega con una agenda macroeconómica relativamente escasa, mientras los mercados siguen celebrando el final de la guerra entre Estados Unidos e Irán y la expectativa de reapertura del Estrecho de Ormuz. En este contexto, los datos previstos para la jornada tienen poca capacidad para alterar la dirección de fondo del mercado.
El foco principal está en la lectura macro del acuerdo: menor presión sobre el petróleo, menor riesgo inflacionista y mejora potencial de las expectativas de crecimiento. Esa combinación está llevando a los inversores a reducir apuestas agresivas sobre subidas de tipos y a aumentar exposición a activos de riesgo.
Durante la sesión europea apenas destacan algunas publicaciones de bajo impacto, como la confianza del consumidor en Suiza o la balanza comercial de la eurozona. Ninguno de estos datos debería modificar la visión de los bancos centrales ni provocar una reacción significativa en los mercados.
La razón es sencilla: el mercado está mirando mucho más al impacto global del acuerdo EEUU-Irán que a las cifras macro puntuales. La posible normalización del flujo energético a través de Ormuz tiene implicaciones mucho mayores para inflación, crecimiento y política monetaria.
En Estados Unidos, la agenda incluye referencias como la producción industrial, el índice NAHB del mercado inmobiliario y las viviendas iniciadas en Canadá. Son datos útiles para completar el cuadro macro, pero no parecen tener fuerza suficiente para cambiar las expectativas de los bancos centrales en la sesión de hoy.
La reacción de mercado debería ser limitada salvo sorpresa muy acusada. El verdadero motor sigue siendo el acuerdo de paz, la caída del petróleo y la posibilidad de que los bancos centrales ganen margen si la inflación energética empieza a moderarse.
El sentimiento positivo podría mantenerse durante varias sesiones si el acuerdo se consolida y el crudo sigue relajándose. Sin embargo, la Reserva Federal aparece como el principal riesgo de la semana. La reunión del miércoles puede frenar el entusiasmo si el mensaje sigue siendo duro con la inflación.
El punto delicado es que un alivio energético puede mejorar las condiciones financieras y animar el consumo y la inversión. Si ese impulso termina generando más demanda, la presión inflacionista podría no desaparecer por completo. Por tanto, el listón para nuevas subidas de tipos ha subido, pero no ha desaparecido.