Avinash Vazirani y Colin Croft, gestores del Jupiter India Select, de Jupier AM
La reciente imposición de aranceles del 50% a las exportaciones indias a Estados Unidos ha generado inquietud en los mercados, en parte debido a los comentarios públicos de funcionarios estadounidenses que intentaron vincular la decisión con las compras de petróleo ruso por parte de la India.
Sin embargo, no creemos que este sea el verdadero motivo de fondo. De hecho, los funcionarios estadounidenses han apoyado tácitamente en los últimos años las compras continuadas de crudo ruso con descuento por parte de la India, con el fin de evitar un repunte de los precios de la energía que probablemente se produciría en caso de un embargo total sobre las exportaciones de petróleo ruso, que representan en torno al 5% de la demanda mundial. El ministro de Asuntos Exteriores indio, S. Jaishankar, también ha rechazado las críticas, lo que subraya la posición de la India de que su comercio energético es legal y esencial para la estabilidad de los precios globales.
El contexto más amplio muestra que Europa sigue importando gas natural licuado (GNL) de Rusia, mientras que Estados Unidos compra uranio y otros minerales rusos, cuyas importaciones han aumentado significativamente en 2025 respecto a años anteriores. Estos hechos ponen de relieve el carácter selectivo de las sanciones y de las penalizaciones comerciales, y refuerzan la idea de que las importaciones indias de petróleo ruso no son el verdadero motor de la escalada arancelaria.
En realidad, los aranceles se entienden mejor como parte de la estrategia negociadora de Estados Unidos para lograr concesiones de la India, en particular en lo relativo al acceso al mercado de productos agrícolas, un tema políticamente muy sensible dado que casi dos tercios de los indios viven en áreas rurales y alrededor del 45% del empleo está vinculado a la agricultura.
Los relativamente altos aranceles medios de la India (12% frente al 2,2% en Estados Unidos) y su negativa absoluta a reducir los aranceles sobre productos agrícolas y lácteos la han convertido en objetivo de medidas comerciales recíprocas. Las sanciones, anunciadas en dos tramos del 25%, se espera que eleven la exposición arancelaria efectiva de la India a más del 32%.
Aunque habrá ciertas consecuencias macroeconómicas de los nuevos aranceles estadounidenses, están lejos de ser tan significativas como sugieren los titulares más dramáticos. Según CLSA, el arancel del 50% podría reducir el crecimiento anual del PIB indio en 60 puntos básicos, o 36 puntos básicos en el ejercicio fiscal 2026. UBS estima un impacto algo menor, de entre 30 y 50 puntos básicos. Aun así, esto dejaría a la India con una tasa de crecimiento en torno al 6%, muy por encima de la de la mayoría de grandes economías.
Las exportaciones indias a Estados Unidos representan solo el 2,2% del PIB, y muchos sectores clave —como farmacéutico, electrónica y productos refinados (que Estados Unidos sigue comprando a la India)— están actualmente exentos de los aranceles. Las exportaciones afectadas por los aranceles no desaparecerán por completo: algunos productos podrán redirigirse a otros mercados sin aranceles y, en otros casos, serán absorbidos por consumidores domésticos.
La respuesta de política económica de la India ha sido rápida y estratégica. El gobierno está acelerando la racionalización del GST, una reforma largamente esperada que reducirá la carga fiscal y estimulará el consumo. El número de tipos impositivos del GST se reducirá, dando lugar a un sistema más simplificado y eficiente que incluirá una rebaja de 10 puntos porcentuales en la tasa aplicable a productos clave como cemento, seguros y ciertos bienes duraderos. Esto podría traducirse en un estímulo significativo para los consumidores.
Se espera además que el Banco de la Reserva de la India relaje la política monetaria, con previsiones de una bajada de tipos de 25 puntos básicos en el corto plazo. Esto se suma a la reducción de 100 puntos básicos ya implementada desde diciembre de 2024.