El debate sobre la evolución del dólar vuelve a situarse en el centro de la discusión económica tras la escalada del conflicto en Oriente Medio. Según explica Patrick Artus, asesor económico senior en Ossiam AM —firma afiliada a Natixis Investment Managers—, la administración de Donald Trump preferiría un dólar más débil para mejorar la competitividad internacional de la economía estadounidense.
Sin embargo, el inicio de la guerra con Irán ha provocado justo el efecto contrario. En un contexto de mayor incertidumbre global, el dólar ha vuelto a apreciarse al reforzarse su papel como activo refugio en los mercados internacionales.
Según señala Artus, la administración Trump vería con buenos ojos una depreciación del dólar y desearía que la Reserva Federal redujera de forma significativa los tipos de interés oficiales para reforzar ese movimiento.
La lógica de esta estrategia sería mejorar la competitividad de las exportaciones estadounidenses al abaratar el precio de los productos fabricados en Estados Unidos frente a los de otros países.
No obstante, el economista advierte de que esta política podría tener consecuencias negativas. En su opinión, promover deliberadamente un dólar débil “no tiene sentido económico”, ya que podría desencadenar problemas más graves para la economía estadounidense.
Entre los riesgos más relevantes destaca la posibilidad de una crisis de balanza de pagos. La expectativa de una moneda más débil podría reducir el atractivo de los activos estadounidenses para los inversores internacionales, lo que disminuiría los flujos de capital hacia Estados Unidos.
Además, el impacto positivo sobre las exportaciones sería limitado, mientras que el encarecimiento de las importaciones podría aumentar las presiones inflacionistas dentro del país.
La historia demuestra que intentar debilitar una moneda de forma deliberada suele generar efectos secundarios difíciles de controlar. En el caso del dólar, el riesgo es aún mayor porque se trata de la principal moneda de reserva del sistema financiero global.
Mientras continúe la incertidumbre geopolítica y el mercado mantenga un entorno de aversión al riesgo, el dólar seguirá encontrando apoyo estructural. Más que por decisiones políticas, su evolución dependerá sobre todo de los flujos de capital internacionales, de la política monetaria de la Fed y del comportamiento del petróleo.
