La salida a bolsa de SpaceX está generando una demanda histórica entre inversores de todo el mundo, pero eso no implica necesariamente que vaya a producirse una fuerte ola compradora de dólares. Según MarketWatch, la compañía ha captado 75.000 millones de dólares en su OPV, con una valoración superior a 1,7 billones de dólares.
En teoría, una operación estadounidense de este tamaño debería generar demanda de dólares, ya que los inversores extranjeros necesitan convertir euros, yenes, wones u otras divisas para comprar acciones. Sin embargo, varios analistas de divisas consideran que el impacto real sobre el billete verde será limitado.
Eric Wallerstein, estratega macro de Clocktower Group, señala que, aunque la cifra de la OPV sea extraordinaria, no es suficiente para alterar de forma decisiva los grandes flujos de capital que entran y salen de Estados Unidos.
Además, no todo el dinero destinado a comprar SpaceX representa entrada nueva de capital extranjero. Muchos inversores pueden financiar la operación vendiendo otros activos estadounidenses, reduciendo posiciones en tecnología o reasignando liquidez que ya estaba en dólares.
Fawad Razaqzada, analista de StoneX Group, apunta que la reciente presión sobre criptoactivos, oro, plata y parte del comercio vinculado a la inteligencia artificial puede explicarse en parte por inversores que están levantando efectivo para acudir a grandes OPV como la de SpaceX.
Eso significa que la demanda por SpaceX podría estar financiándose mediante rotación de activos, no mediante nuevas conversiones masivas hacia dólares. Esta lectura reduce la posibilidad de que la operación provoque por sí sola un rally relevante del dólar.
Wallerstein también advierte de un posible efecto contrario más adelante. Algunos fondos soberanos e inversores extranjeros que ya tenían exposición previa a SpaceX o xAI en rondas privadas podrían aprovechar la salida a bolsa para monetizar ganancias cuando terminen los periodos de bloqueo.
En ese caso, podrían vender acciones, recoger beneficios en dólares y convertir posteriormente esos ingresos a sus divisas locales. Este riesgo sería especialmente relevante para algunos fondos de Oriente Medio, más aún en un contexto condicionado por la guerra de Irán.
Steve Englander, responsable de análisis G10 en Standard Chartered, resume el punto central: los inversores extranjeros están dispuestos a apostar por activos privados estadounidenses, pero no necesariamente por el dólar como divisa.
El comportamiento del dólar seguirá determinado principalmente por factores macroeconómicos: expectativas de tipos de la Reserva Federal, inflación, precios de la energía, datos de empleo y percepción de riesgo global. De hecho, el índice dólar ha encontrado apoyo recientemente por los datos laborales sólidos, la inflación elevada y la posibilidad de que la Fed tenga que volver a subir tipos más adelante.