El dólar estadounidense se enfrenta a una advertencia relevante: el colchón histórico que le proporcionaba el mercado de bonos podría estar debilitándose. Según recoge Jules Rimmer, la estratega de divisas de Deutsche Bank, Mallika Sachdeva, alerta de que Estados Unidos se financia cada vez más mediante flujos extranjeros hacia renta variable y menos mediante compras estables de deuda pública.
La diferencia es importante. Los flujos hacia acciones suelen ser más rápidos, volátiles y sensibles al apetito por riesgo. En cambio, las entradas en bonos del Tesoro han sido tradicionalmente más estables, de largo plazo y contracíclicas. En momentos de turbulencia, la demanda de Treasuries ayudaba a sostener al dólar. Ese mecanismo, según Deutsche Bank, empieza a perder fuerza.
La paradoja es clara: mientras las finanzas públicas de Estados Unidos se deterioran, con una deuda nacional que avanza hacia los 40 billones de dólares, la rentabilidad de las grandes empresas estadounidenses sigue siendo muy atractiva. Para muchos inversores internacionales, especialmente los expuestos a tecnología e inteligencia artificial, las acciones estadounidenses resultan más interesantes que los bonos del Tesoro.
Este cambio se ha visto facilitado por el acceso más sencillo de los inversores minoristas extranjeros a la Bolsa estadounidense. Deutsche Bank destaca el aumento de compras de acciones estadounidenses por parte de inversores coreanos y japoneses, estos últimos impulsados también por programas de ahorro e inversión domésticos.
El problema para el dólar es que estos flujos bursátiles pueden revertirse con rapidez si cambian las expectativas sobre beneficios, tecnología, tipos de interés o riesgo geopolítico. La demanda de bonos, en cambio, actuaba históricamente como una base más sólida.
Otro factor señalado por Sachdeva es la búsqueda de “autonomía estratégica” en Europa. El aumento del gasto en defensa y energía podría obligar a movilizar ahorro que hasta ahora estaba invertido en activos denominados en dólares. Si Europa necesita financiar más inversión propia, parte de esos flujos podrían dejar de dirigirse a Estados Unidos.
En Asia, Deutsche Bank también observa cambios relevantes. China sigue avanzando en la internacionalización del renminbi mediante exportaciones, financiación y mayor acceso a capital denominado en su propia divisa. Aunque el proceso es gradual, supone una presión adicional sobre la hegemonía del dólar a largo plazo.
Además, los modelos de Deutsche Bank apuntan a que varias divisas asiáticas están infravaloradas. Entre ellas figuran monedas de economías de gran tamaño como Japón, China, India y Corea. Su peso conjunto en el índice amplio del dólar supera incluso al del euro, por lo que una recuperación coordinada de estas divisas podría tener un impacto significativo sobre el billete verde.
La advertencia no implica una caída inmediata del dólar. Estados Unidos sigue teniendo ventajas claras: profundidad de mercado, liderazgo tecnológico, atractivo de Wall Street, liquidez y el papel central del dólar en el sistema financiero global.
Pero el equilibrio está cambiando. Si el capital extranjero entra sobre todo en acciones tecnológicas y no en deuda pública, el soporte del dólar se vuelve más dependiente del ciclo bursátil. En caso de corrección en Wall Street, esos flujos podrían salir con más rapidez que los tradicionales compradores de bonos.
En resumen, Deutsche Bank advierte de una transición relevante: el dólar todavía se beneficia de la supremacía tecnológica estadounidense, pero pierde parte del respaldo estructural que le daba el mercado de Treasuries. Para los inversores, esto introduce un riesgo adicional en la divisa: un dólar más expuesto al apetito global por riesgo y menos protegido por su antiguo refugio de renta fija.