Sabemos que el título del artículo puede levantar ampollas puesto que, por el bien de la nación, nuestra juventud debería arremangarse y tirar del carro de la maltrecha economía con patriótica abnegación y entrega.
Porque si por el contrario nuestros hijos, especialmente los que están o vayan a estar bien preparados en los próximos años, abandonan el barco, España quedará a la deriva en un círculo vicioso de libro. Viviremos en una sociedad envejecida, improductiva y extractiva de un Estado en ruinas, y con una fiscalidad tan desesperadamente confiscatoria como letal. Por tanto, por el bien de la nación, nuestros hijos deberían quedarse en España y sufrir solidariamente una árdua vida en perpetua crisis, donde las licenciaturas universitarias les servirán solamente para poder conseguir un escuálido empleo precario.
Probablemente los altercados callejeros que estamos viendo en estos días en diversas ciudades españolas son la punta del iceberg del desencanto de una generación cuyo paro supera el 40% pese a los maquillajes estadísticos.