Strategy, la empresa que Michael Saylor ha convertido en una especie de “holding” cotizado de bitcoin, ha vuelto a realizar un movimiento de enorme calibre: en apenas una semana ha comprado casi 1.000 millones de dólares en la criptomoneda, en la que es su mayor adquisición individual desde el mes de julio. Según explica la periodista Frances Yue en el medio original, la operación desafía a quienes dudaban de la capacidad de la compañía para seguir captando capital y ampliar su posición en un mercado cada vez más volátil.
Desde 2020, Saylor impulsó un giro radical: de empresa de software tradicional a vehículo de tesorería ultra concentrado en bitcoin, usando emisiones de deuda y capital para comprar criptomonedas y convertirlas en el núcleo de su balance.
Entre el 1 y el 7 de diciembre, Strategy adquirió exactamente 10.624 bitcoins por un importe total de 962,7 millones de dólares, elevando sus tenencias hasta los 660.624 bitcoins. Esto supone controlar alrededor del 3,3% del suministro circulante de la criptomoneda. La compra se financió mediante la venta de acciones ordinarias y de acciones preferentes perpetuas, reforzando la idea de que el modelo depende de forma estructural del acceso recurrente al mercado de capitales.
Tal y como recoge Frances Yue, analistas como Louis LaValle, de Frontier Investments, subrayan que ya no se trata solo de la “fe” personal de Saylor en el bitcoin. El propio diseño del balance de Strategy obliga a seguir recaudando fondos y comprando más criptomonedas para mantener el motor en marcha: a estas alturas, casi “tiene que” seguir comprando para sostener el relato.
Además de la deuda, la compañía afronta cerca de 800 millones de dólares al año en dividendos sobre sus acciones preferentes, por lo que el flujo de caja operativo no basta y la emisión de acciones se convierte en una pieza clave del engranaje.
Para poder seguir emitiendo acciones a precios razonables, la narrativa de Saylor resulta esencial: Strategy se presenta como un vehículo de acumulación perpetua de bitcoin. Si dejara de comprar, el relato se rompería y, con él, buena parte del atractivo de la acción. De ahí que algunos analistas comparen a la empresa con un tiburón: si deja de nadar (comprar bitcoins), muere.
Pese al nuevo anuncio, el comportamiento bursátil refleja cierto desgaste. Las acciones de Strategy subieron en torno a un 2,6% tras la noticia, pero siguen más de un 60% por debajo de sus máximos históricos. Además, han pasado de cotizar con una prima muy abultada sobre el valor de los bitcoins que poseen a hacerlo con un descuento cercano al 12%, lo que indica un escepticismo creciente del mercado sobre la sostenibilidad del modelo.
Otros expertos, como Mark Palmer
Nosotros vemos Strategy como un caso extremo de apuesta concentrada: una empresa cuya supervivencia depende a la vez de la evolución del precio del bitcoin y de la capacidad de seguir emitiendo capital sin que el mercado le cierre la puerta. Para perfiles muy agresivos, la acción puede funcionar como una versión apalancada de bitcoin, pero el riesgo de liquidez y de dilución es evidente si la cotización de la criptomoneda entra en una fase bajista prolongada.
En nuestra opinión, tiene sentido que el inversor que quiera exposición a bitcoin se plantee primero si prefiere la criptomoneda directamente o un vehículo tan condicionado por el mercado de acciones y por su propia narrativa corporativa. A largo plazo, la clave será ver si Strategy logra equilibrar su estructura financiera y reducir la dependencia de nuevas emisiones, algo que hoy por hoy sigue siendo la principal incógnita del modelo.