Los futuros de los principales índices estadounidenses apuntan a una apertura positiva este martes, en el primer día de negociación tras el fin de semana del Día de los Caídos. El tono del mercado mejora ante la expectativa de que pueda alcanzarse un acuerdo de paz que reduzca la tensión entre Estados Unidos e Irán.
Según Nora Redmond, los futuros del S&P 500 avanzan alrededor de un 0,7%, los del Dow Jones Industrial Average suben también un 0,7% y los del Nasdaq 100 repuntan cerca de un 0,9%. La lectura inmediata es clara: los inversores vuelven a tomar algo más de riesgo ante la posibilidad de una desescalada geopolítica.
El presidente Donald Trump afirmó el lunes en Truth Social que las conversaciones con Teherán estaban “progresando favorablemente”, aunque dejó claro que el resultado tendría que ser un gran acuerdo para todas las partes o, directamente, ningún acuerdo.
Ese mensaje ha sido suficiente para alimentar una mejora del sentimiento inversor, aunque el contexto sigue siendo delicado. A última hora del lunes, el ejército estadounidense anunció ataques de “autodefensa” contra plataformas de lanzamiento de misiles y embarcaciones en las proximidades del estrecho de Ormuz, una zona crítica para el transporte energético mundial.
El mercado está comprando la posibilidad de una tregua, pero todavía no puede dar por cerrada la crisis. Mientras Ormuz siga en el centro de la tensión, cualquier titular puede alterar rápidamente el apetito por el riesgo.
El comportamiento del crudo refleja esa mezcla de alivio y cautela. El contrato del West Texas Intermediate para julio cae más de un 5%, hasta situarse en torno a los 91,56 dólares por barril, en una señal de menor temor inmediato a una interrupción severa del suministro.
Sin embargo, el Brent, referencia internacional, avanza alrededor de un 2%, hasta la zona de los 98,19 dólares por barril. Esta divergencia muestra que el mercado energético sigue sin tener una lectura completamente limpia del escenario geopolítico.
En el fondo, los inversores están tratando de calibrar si las últimas declaraciones políticas suponen realmente el inicio de una desescalada o solo una pausa dentro de un conflicto todavía abierto.
Jim Reid, director global de investigación macroeconómica y estrategia temática de Deutsche Bank, señaló que han pasado 48 días desde los principales enfrentamientos armados. En su opinión, una tregua tan prolongada difícilmente se habría mantenido si Estados Unidos hubiera querido continuar los ataques salvo que no existiera otra alternativa.
Esta interpretación refuerza la idea de que ambas partes podrían estar buscando una salida negociada, aunque el mercado sigue dependiendo de señales políticas muy cambiantes. Por ahora, los futuros estadounidenses reflejan cierto alivio, pero no una normalización completa del riesgo.
Para las bolsas, el mejor escenario sería una desescalada creíble que relajara el petróleo y redujera el riesgo inflacionista. El problema es que la prima geopolítica aún no ha desaparecido: simplemente se ha moderado.
En conjunto, Wall Street se prepara para abrir al alza, apoyado en la esperanza de un acuerdo de paz y en la caída del crudo estadounidense. Aun así, la combinación de petróleo elevado, mensajes cruzados y operaciones militares cerca de Ormuz mantiene un grado de incertidumbre que aconseja no interpretar el rebote como una señal definitiva de tranquilidad.
