El mercado estadounidense arranca la semana bajo presión. Los futuros de los principales índices apuntan a una apertura bajista, en un entorno dominado por la escalada del conflicto entre EE. UU. e Irán y el repunte del petróleo.
En concreto, los futuros reflejan un tono claramente negativo:
La presión llega en un momento especialmente delicado, con los índices ya debilitados tras varias semanas de caídas.
El foco vuelve a situarse en la energía. El crudo registra nuevas subidas:
El movimiento responde a la intensificación del conflicto en Oriente Medio y al riesgo creciente sobre el suministro global, especialmente por la situación en el estrecho de Ormuz.
El petróleo vuelve a marcar el ritmo del mercado.
La situación se ha agravado tras las últimas declaraciones de Donald Trump, que ha advertido de ataques directos a infraestructuras energéticas iraníes si no se reabre el estrecho de Ormuz en el plazo fijado.
La respuesta de Irán no se ha hecho esperar, señalando que las instalaciones energéticas en la región podrían convertirse en objetivos legítimos, lo que eleva aún más el riesgo de disrupciones.
El mercado empieza a asumir que el conflicto puede prolongarse, lo que añade presión sobre los activos de riesgo.
En este contexto, Goldman Sachs ha elevado sus previsiones para el crudo:
El ajuste se basa en un escenario donde las exportaciones a través de Ormuz se reducen de forma drástica durante varias semanas, con una recuperación progresiva posterior.
Además, el banco apunta a una mayor probabilidad de acumulación estratégica de reservas, lo que podría sostener los precios en niveles elevados durante más tiempo.
El mercado empieza a descontar un petróleo estructuralmente más alto.
Nosotros creemos que el mercado ya ha identificado la variable dominante: la energía.
Mientras el petróleo siga tensionado, será muy difícil que las bolsas encuentren suelo. No es solo una cuestión de sentimiento, es una cuestión de impacto real en inflación y crecimiento.
Operativamente, el escenario sigue siendo de alta volatilidad. El timing dependerá más de la geopolítica que de los datos macro en el corto plazo.