Valoraciones más caras que en el año 2000: ¿estamos repitiendo el mismo error?

CapitalBolsa
Capitalbolsa | 13 feb, 2026 18:30 - Actualizado: 10:00
burbujacb11
Puntos clave
  • Las bolsas siguen cerca de máximos en 2026 pese a valoraciones extremas y señales de alerta.
  • El premio por riesgo de la renta variable frente a bonos se ha esfumado, un patrón que recuerda a finales de los 90.
  • El rally está muy concentrado: unas pocas mega-caps explican buena parte del tirón del mercado.

Hay algo llamativo en cómo está aguantando el mercado en 2026. Con criptomonedas que han perdido un volumen enorme desde sus máximos, metales preciosos extremadamente volátiles y un sector inmobiliario que sigue sin levantar cabeza, lo lógico sería ver a los índices más nerviosos. Pero no: Dow, Nasdaq y S&P 500 se mantienen cerca de récords, y lo hacen con múltiplos que ya no se pueden calificar de “exigentes”: son, directamente, de los que ponen a prueba la paciencia de cualquiera que mire el largo plazo.

Según explica Bret Jensen, hay un punto clave: el mercado está actuando como si la historia no importara. Y lo hace por partida doble: por un lado, ignorando cómo suelen acabar los grandes cambios tecnológicos; por otro, pasando por alto señales objetivas de sobrevaloración que, en otras épocas, ya habrían encendido alarmas serias.

La historia de las revoluciones tecnológicas se repite

La idea es sencilla: cada gran “paradigma” (ferrocarriles, electrificación, internet) suele recorrer un ciclo parecido. Primero aparece la tecnología y unos pocos pioneros la abrazan; después gana tracción, llegan más competidores, empieza la financiación masiva y la euforia termina alimentando un boom bursátil. Hasta aquí, todo suena bien. El problema llega en la fase incómoda: la mala asignación de capital. La inversión se dispara, se paga cualquier precio, se construye capacidad de más… y, tarde o temprano, la burbuja revienta. Del colapso suelen salir unos pocos ganadores enormes, pero por cada “Amazon” también aparecen varios casos que se quedan por el camino.

Señales rojas: valoraciones y premio por riesgo

El segundo ángulo es el de manual de finanzas: si invertimos en acciones, lo hacemos porque esperamos un retorno superior al de los bonos… a cambio de asumir más riesgo. Ese extra es el premio por riesgo. El punto inquietante —tal y como señala Jensen— es que, tras varios años de rally, ese premio no solo se ha comprimido: en algunas métricas ha pasado a estar en territorio de “descuento”, algo que trae a la memoria los últimos compases del boom de internet. Y cuando miramos el mercado desde la óptica del earnings yield (especialmente usando métricas suavizadas como el Shiller CAPE), el argumento es todavía más incómodo: el mercado aparece incluso más caro que antes del estallido del 2000.

Dicho de forma directa: si el “precio” que pagamos por beneficios futuros ya es extremo y, además, ya no nos pagan (en términos de prima) por asumir riesgo frente a bonos, el margen de error se reduce muchísimo. No hace falta una recesión profunda para que el ajuste duela; basta con que cambie el apetito por múltiplos tan altos.

El rally estrecho y la factura del capex de IA

Otro punto que no conviene minusvalorar es la concentración. El mercado está subiendo, sí, pero con un liderazgo muy estrecho: unas pocas compañías (las mega-caps tecnológicas) están empujando gran parte del índice. Cuando el top 10 pesa alrededor del 40% de la capitalización, la “diversificación” que creemos tener comprando un índice se vuelve más frágil de lo que parece.

Y aquí entra el tema estrella: el gasto en infraestructura de IA. Según el enfoque del artículo, el capex previsto es gigantesco y ya no se financia solo con el “cajón” de las tecnológicas. Empieza a aparecer el endeudamiento como palanca, incluso con emisiones llamativas por duración. El riesgo no es moralista; es contable: más capex puede empujar el free cash flow a terreno negativo en algunos casos y, si el flujo de caja se deteriora, también se resiente una de las grandes muletas de los últimos años: las recompras de acciones. Menos recompras significa menos soporte artificial al crecimiento del BPA, justo cuando las valoraciones están tensas.

La pregunta del millón, como deja caer Jensen, no es si el mercado está caro (eso es debatible, pero los números aprietan), sino cuánto tiempo puede seguir ignorando estas señales antes de que la historia vuelva a “pedir su parte”. En fases así, el riesgo no siempre llega con un titular dramático: a veces llega con un simple cambio de humor del mercado.

contador