La tregua temporal anunciada por Donald Trump en el conflicto con Irán no ha producido el efecto que la Casa Blanca parecía esperar. No ha habido alivio claro en bolsa, no ha reaparecido el apetito por riesgo y, lo más importante, no ha mejorado la confianza del mercado. Según explica Kenneth Rapoza, los inversores empiezan a dar por hecho que los gestos teatrales ya no bastan. El mercado quiere hechos, no publicaciones en Truth Social. Y ahora mismo los hechos apuntan a una guerra todavía abierta, a una inflación más pegajosa y a una Administración que no controla del todo el terreno.
La pausa de cinco días en el conflicto, que expira el 28 de marzo, pretendía transmitir calma y sostener el tono alcista de la renta variable estadounidense. Pero el mercado no ha reaccionado como esperaba Trump. El S&P 500 sigue moviéndose lateralmente, el petróleo ha vuelto a repuntar tras una caída fugaz y la sensación general es que los inversores no se creen que esta tregua sea el preludio de una solución estable.
Kenneth Rapoza sostiene que la paciencia del mercado se está agotando. Una sola declaración del presidente puede generar un rebote puntual o unas horas de optimismo, pero ese efecto dura cada vez menos. Cuando el alivio verbal se combina con una realidad geopolítica que sigue deteriorada, los inversores dejan de comprar el relato y empiezan a centrarse en el riesgo real.
La idea de fondo es bastante dura para la Casa Blanca: el mercado ya no descuenta que Trump tenga capacidad para cerrar el conflicto a voluntad, y esa pérdida de credibilidad pesa cada vez más sobre los activos de riesgo.
El problema no es solo geopolítico. Es también macroeconómico. Rapoza insiste en que, si la guerra se prolonga, el impacto sobre el petróleo y las cadenas de suministro puede mantener la inflación elevada durante más tiempo. Ese escenario ya empieza a filtrarse a las previsiones del mercado. La consecuencia es clara: menos margen para que los bancos centrales relajen su postura y más presión sobre unas valoraciones bursátiles que venían bastante tensas.
La guerra con Irán, además, ha terminado jugando en contra de la presión política de Trump sobre Jerome Powell. En vez de acercar recortes de tipos, el conflicto actúa como un endurecimiento adicional de las condiciones financieras. Un petróleo más alto y una inflación más resistente ofrecen a la Reserva Federal una justificación perfecta para seguir siendo prudente. Y eso complica mucho más el cuadro político y bursátil para la Administración estadounidense.
La parte más incómoda del análisis de Kenneth Rapoza es que el mercado podría estar simplemente retrasando un ajuste mayor. A medida que se acerque abril, el foco dejará de estar en los mensajes políticos y pasará a las consecuencias sobre el terreno: presencia militar estadounidense en la región, fragilidad de las rutas energéticas, presión sobre fertilizantes y combustibles y posibles daños en aliados del Golfo.
El mercado puede tolerar durante un tiempo la incertidumbre si cree que el desenlace está cerca. Lo que tolera mucho peor es una mezcla de conflicto abierto, inflación persistente y ausencia de control político claro. Y eso es precisamente lo que empieza a reflejar la cotización. Trump puede declarar victorias tácticas, pero el mercado está exigiendo algo más sólido: un final creíble del conflicto o, al menos, señales de que el deterioro no va a seguir escalando.
Reflexión de Capital Bolsa: aquí la lectura es bastante clara y poco cómoda para los alcistas. El mercado sigue frágil, sobrevalorado en varias zonas y demasiado dependiente de titulares políticos que duran muy poco. Nosotros seguiríamos siendo prudentes con la renta variable más expuesta a consumo, tipos y compresión de múltiplos, y mantendríamos el foco en energía, defensa, dólar y compañías con poder de fijación de precios. Mientras no haya una desescalada real, lo sensato no es perseguir rebotes, sino asumir que la volatilidad todavía puede ir a más.