El analista Damir Tokic advierte que la fase actual del mercado estadounidense podría haber marcado su punto máximo a finales de octubre, con el S&P 500 cerrando en los 6.890,89 puntos. Según su tesis, la reciente reunión de la Reserva Federal habría actuado como el catalizador que detonó la corrección, al revertir el tono moderado que venía sosteniendo desde el verano.
En el Simposio de Jackson Hole, la Fed había dado señales de iniciar una normalización de la política monetaria, interpretada por el mercado como un indicio de menores tipos a futuro. Este mensaje, unido al recorte de tasas de septiembre, alimentó las posiciones más especulativas —en especial dentro del sector tecnológico y de inteligencia artificial—. Sin embargo, la reunión del FOMC de octubre cambió la narrativa: Jerome Powell insinuó que el próximo recorte no estaba garantizado y que solo se produciría si la economía mostraba señales claras de recesión. Ese giro agresivo fue percibido como un aviso de fin de ciclo.
El entorno político también ha contribuido a la tensión. La audiencia del Tribunal Supremo del 5 de noviembre sobre los aranceles de la administración Trump provocó un nuevo repunte de volatilidad. La posibilidad de que los jueces declaren ilegales los aranceles recíprocos ha reducido drásticamente la probabilidad de que se mantengan, situándola en torno al 24%. Esto amenaza con frenar la entrada de inversión extranjera directa (IED) prevista en los acuerdos comerciales de 2026-2028, un golpe adicional para el plan económico de la Casa Blanca.
El ascenso de los socialdemócratas en las elecciones municipales de Nueva York añade otro elemento de incertidumbre política, al reflejar un cambio de humor social y un potencial giro hacia la izquierda en el panorama nacional.
El mercado habría alcanzado su techo casi coincidiendo con la publicación de resultados de Palantir el 3 de noviembre. La compañía, una de las favoritas entre los inversores minoristas en el ámbito de la inteligencia artificial, superó las previsiones de beneficios e ingresos, pero su acción cayó un 15% tras las cifras. Este comportamiento —superar expectativas pero ser castigada igualmente— se repite entre las principales compañías de la Mag 7, lo que sugiere que las valoraciones ya no encuentran soporte incluso con buenos resultados.
Tokic considera que este patrón confirma el inicio del proceso de “explosión de la burbuja” tecnológica, en el que los inversores se apresuran a reducir exposición mientras aún hay liquidez disponible. Nvidia, pendiente de publicar resultados, podría enfrentarse a una reacción similar si persisten las dudas sobre su modelo de financiación y la dependencia de sus proveedores.
Los indicadores laborales refuerzan la tesis de enfriamiento económico. El informe de ADP mostró la creación de apenas 42.000 empleos privados en octubre, con una concentración anómala en el comercio minorista y el transporte —sectores típicamente estacionales—. Además, Challenger reportó 154.000 recortes de empleo, la cifra más alta para un mes de octubre desde 2003. Todo ello apunta, según Tokic, a una recesión inminente.
Desde un punto de vista técnico, el S&P 500 mantiene todavía una estructura alcista, situándose ligeramente por debajo de su media móvil de 20 días y justo por encima del soporte clave de 50 días. Una ruptura sostenida por debajo de ese nivel sería la confirmación técnica de la fase de ajuste y validaría la tesis de que el ciclo alcista ha terminado.
El índice continúa cotizando con un PER de Shiller superior a 40 veces, niveles comparables a los del año 2000. Tokic estima que, si el múltiplo se normaliza hacia 20, la caída potencial del índice sería significativa. “La burbuja probablemente ha sido destruida por la propia Fed”, resume el analista, aludiendo a la reversión del estímulo monetario que durante años sostuvo las valoraciones extremas.
Con un contexto monetario restrictivo, un entorno político incierto y señales de deterioro macroeconómico, Tokic rebaja su calificación del S&P 500 a Strong Sell. A su juicio, los inversores alcistas solo podrían encontrar alivio si la Reserva Federal vuelve a girar hacia una postura más acomodaticia, algo que parece improbable a corto plazo. “El próximo recorte de tipos —si llega— será una respuesta a la recesión, no una señal de fortaleza”, concluye.