La tensión geopolítica en Oriente Medio continúa reflejándose en los mercados financieros. Según el análisis de estrategia de renta variable de Julius Baer, la reciente escalada del conflicto ha provocado una nueva ola de ventas en las bolsas globales, impulsada por el fuerte repunte de los precios energéticos.
Desde finales de la semana pasada, el petróleo ha subido alrededor de un 17%, mientras que el gas natural europeo también ha registrado fuertes avances. Este movimiento está reconfigurando la narrativa del mercado: lo que inicialmente parecía un episodio de volatilidad geopolítica empieza a plantearse como un riesgo macroeconómico más amplio.
La clave para los mercados no es solo la guerra en sí, sino si el shock energético se mantiene el tiempo suficiente como para afectar al crecimiento global.
El contexto actual es especialmente delicado porque el shock energético llega en un momento en el que las presiones inflacionistas ya estaban mostrando señales de repunte. En Estados Unidos se han observado mayores costes de producción y en la eurozona han aparecido sorpresas al alza en los datos de precios.
Como consecuencia, los mercados están empezando a reajustar las expectativas sobre los tipos de interés hacia un escenario más hawkish, lo que implica condiciones financieras más restrictivas y presión adicional sobre los activos de riesgo.
La evolución sectorial refleja claramente este cambio de narrativa. En Europa, los sectores vinculados a la energía, junto con segmentos defensivos como salud o medios de comunicación, están mostrando un comportamiento relativo superior.
En cambio, los sectores más sensibles al crecimiento y a los costes energéticos están sufriendo presión. Entre ellos destacan:
El elemento que determinará la evolución del mercado en las próximas semanas es el tráfico de energía a través del Estrecho de Ormuz. Si las interrupciones en esa ruta se mantienen durante poco tiempo, el impacto probablemente se limite a un episodio de volatilidad.
Sin embargo, si el petróleo supera de forma sostenida los 100 dólares por barril, el escenario podría cambiar de forma significativa. Históricamente, episodios prolongados de shock energético han coincidido con periodos de rentabilidades negativas en los mercados bursátiles.