El equipo de Tunga Capital advierte que los niveles actuales de asignación a renta variable en Estados Unidos podrían estar señalando el final de un ciclo alcista. Según su último análisis, cuando la exposición a acciones supera el 50% del patrimonio financiero total, históricamente el mercado —medido por el S&P 500— ha estado cerca de un máximo cíclico.
El modelo que emplean vincula la asignación agregada a renta variable con los rendimientos futuros a diez años. Los resultados no son alentadores: una rentabilidad anualizada esperada de –1,39% para la próxima década, una cifra que sugiere retornos negativos en términos reales.
El informe recuerda que el entusiasmo actual en torno a la inteligencia artificial no altera los fundamentos. Las valoraciones extremas siguen siendo el factor determinante, igual que en la burbuja tecnológica de 1999. La historia demuestra que los cambios estructurales pueden ser revolucionarios —como lo fueron los coches o Internet—, pero eso no garantiza beneficios inmediatos para los inversores que compran en la fase de euforia.
El indicador que anticipa los giros del ciclo
El modelo divide el universo financiero en dos grandes bloques: acciones y todo lo demás (efectivo y bonos). Cuando aumenta el peso de las acciones dentro de ese total, los precios suben por simple desequilibrio entre oferta y demanda. Sin embargo, una vez que el porcentaje supera ciertos límites —el 50% ha sido históricamente una zona crítica—, la capacidad de nuevos flujos se agota y los mercados tienden a corregir.
Este patrón sólo se ha repetido tres veces en los últimos 75 años: durante la burbuja tecnológica, en 2022 y en la actualidad. En todos los casos, el exceso de apetito por riesgo fue seguido por un periodo prolongado de rentabilidades planas o negativas.
¿Un mercado sin “munición”?
Tunga Capital describe la dinámica reciente como un efecto yo-yo: las caídas se compran rápidamente, pero el dinero fresco disponible es cada vez menor. En su opinión, esto podría desembocar en una década menos favorable para los índices y más propicia para los gestores activos y selectores de valores.
AI: narrativa frente a valoración
El estudio insiste en que la inteligencia artificial, aunque transformadora, no invalida las leyes de valoración. La comparación con el Nasdaq del año 2000 es inevitable: la revolución tecnológica fue real, pero quienes invirtieron en el pico tardaron 15 años en recuperar su inversión.
Conclusión: tiempo de prudencia
La conclusión es clara. La exposición a renta variable en niveles récord, combinada con valoraciones elevadas y escasa liquidez nueva, sugiere que estamos más cerca del techo que del suelo del ciclo. Tal como resumía el propio Warren Buffett —y cita Tunga Capital—, “hay que ser temeroso cuando otros son codiciosos”. En este momento, la prudencia parece la auténtica actitud contraria.