Los mercados afrontan una semana cargada de focos de riesgo, aunque comprimida por el calendario festivo en Estados Unidos. Wall Street cerrará antes el jueves y no abrirá el viernes por la celebración del Día de la Independencia, por lo que buena parte de la actividad podría concentrarse en las primeras cuatro sesiones de la semana.
Uno de los principales elementos de atención seguirá siendo la situación entre Estados Unidos e Irán. Durante el fin de semana, las tensiones volvieron a aumentar tras el ataque iraní al buque mercante Kiku en el estrecho de Ormuz.
Tras un breve intercambio de declaraciones, ambas partes parecen intentar de nuevo rebajar la tensión al inicio de la semana. Sin embargo, el mercado mantiene una elevada cautela ante la reanudación de las conversaciones técnicas en Doha el 30 de junio.
El objetivo sigue siendo salvar el memorando de entendimiento de 60 días, aunque persisten dudas relevantes sobre la posibilidad de alcanzar puntos comunes en materia nuclear y de enriquecimiento de uranio.
El estrecho de Ormuz seguirá siendo una referencia clave para los mercados energéticos. El 26 de junio transitaban por la zona entre 40 y 50 buques, aunque el número de petroleros de crudo era más limitado, alrededor de 13 unidades.
La situación todavía mostraba cierta normalidad, incluso con algunos grandes petroleros VLCC cruzando el estrecho. Sin embargo, tras el ataque al Kiku, volvió la inquietud entre los operadores marítimos.
El 27 de junio, el tráfico total se mantenía en torno a 40 embarcaciones, pero buena parte de los petroleros que cruzaban eran unidades regionales más pequeñas, con bandera iraní y desplazamientos internos.
El problema principal sigue siendo el aumento de las primas de seguro por riesgo de guerra, que mantiene a numerosos buques cisterna a la espera fuera del Golfo de Omán. Aunque algunos barcos podrían intentar cruzar desactivando sus transpondedores AIS, no parece una solución suficiente para normalizar plenamente el transporte mundial de energía.
Wall Street cerró el viernes con descensos moderados, después de otra sesión de elevada volatilidad. El comportamiento puede considerarse relativamente resistente, teniendo en cuenta la presión que sufrió el sector tecnológico durante la semana, pese a los buenos resultados de Micron.
La incertidumbre continuará en los próximos días. Los futuros estadounidenses apuntan inicialmente al alza, aunque todavía es pronto para extraer conclusiones firmes, especialmente con posibles ajustes de carteras antes del cierre del primer semestre.
La menor liquidez asociada a una semana festiva en Estados Unidos puede amplificar movimientos puntuales, sobre todo si se producen titulares relacionados con Irán, Ormuz, petróleo o bancos centrales.
Más allá del riesgo geopolítico, el mercado seguirá vigilando la evolución del sector tecnológico, especialmente las compañías vinculadas a inteligencia artificial.
La principal preocupación es si el fuerte gasto de capital realizado durante el último año puede traducirse en beneficios tangibles. Los inversores empiezan a exigir pruebas más claras de retorno económico, después de un periodo en el que las expectativas sobre IA han impulsado de forma muy significativa las valoraciones.
Este punto será relevante para compañías de semiconductores, centros de datos, software, infraestructura cloud y grandes plataformas tecnológicas. La publicación de resultados de Micron ayudó a sostener parcialmente el sentimiento, pero no eliminó las dudas sobre la sostenibilidad del ciclo de inversión en IA.
En conjunto, la semana combina una agenda más corta en Estados Unidos con varios focos de riesgo de alto impacto. La geopolítica seguirá siendo el principal catalizador para petróleo y activos refugio, mientras que la tecnología continuará marcando el tono de fondo de las bolsas globales.