El mercado estadounidense empieza a mostrar una división cada vez más evidente. Según CNBC, Wall Street está contando dos historias muy distintas: una de euforia en torno a la inteligencia artificial y los semiconductores, y otra mucho más complicada para los sectores expuestos al ciclo económico, al consumo y al encarecimiento de la energía.
La fortaleza de nombres como Nvidia, Alphabet y otros valores tecnológicos está permitiendo que índices como el Nasdaq y el S&P 500 mantengan un tono alcista. Sin embargo, bajo la superficie, una parte creciente del mercado empieza a mostrar señales de fatiga.
La gran cuestión es si un mercado tan dividido puede seguir subiendo de forma sostenible. El impulso principal procede de las compañías vinculadas a la IA, la infraestructura de centros de datos, los chips de memoria y los procesadores. Los grandes proveedores tecnológicos siguen elevando sus planes de inversión, lo que alimenta la demanda de semiconductores.
Pero la amplitud del mercado se está estrechando. Craig Johnson, de Piper Sandler, advierte de que los nuevos máximos de las últimas 26 semanas se concentran principalmente en tecnología, mientras aparecen señales de divergencia en las líneas de avance-descenso. Dicho de otra forma: los índices suben, pero cada vez con menos valores acompañando el movimiento.
La señal es delicada: cuando un mercado depende de un grupo reducido de compañías para sostener los índices, la tendencia puede parecer más fuerte de lo que realmente es.
La bifurcación es especialmente visible al comparar valores concretos. En los últimos tres meses, en plena guerra con Irán, Micron Technology ha subido más de un 90%, impulsada por la demanda de chips y memoria para inteligencia artificial. En el extremo contrario, Home Depot ha caído más de un 20%, reflejando la presión sobre el consumo discrecional y los negocios más sensibles al ciclo.
Thomas Carroll, de Stifel, resume el escenario como una economía a dos velocidades: por un lado, una inversión empresarial muy caliente, alimentada por la IA; por otro, un consumidor más grande en tamaño, pero cada vez más presionado por la pérdida de poder adquisitivo.
Este contraste también se aprecia en la sesión: tecnología y semiconductores resisten, mientras industriales, inmobiliarias, consumo básico y otros sectores más tradicionales cotizan con tono más débil.
El problema para los alcistas es que el contexto macroeconómico se está endureciendo. Los últimos datos de inflación han vuelto a sorprender al alza. El índice de precios a la producción aumentó un 6% interanual en abril, su mayor avance en doce meses desde diciembre de 2022. Por su parte, los precios al consumidor subieron un 3,8% anual.
La energía es el principal foco de presión. El componente energético del IPC avanzó un 17,9%, mientras que la gasolina se disparó un 28,4% interanual. El precio medio del galón se sitúa en torno a 4,51 dólares, frente a los 3,16 dólares de hace un año.
El mercado puede convivir con una inflación moderada, pero una combinación de petróleo caro, gasolina al alza y tipos elevados empieza a ser más difícil de ignorar.
Durante las últimas semanas, los mercados han reaccionado de forma casi inmediata a cada titular relacionado con el Estrecho de Ormuz y la guerra con Irán. Sin embargo, el foco empieza a desplazarse de nuevo hacia la economía real: inflación, consumo, costes financieros y márgenes empresariales.
El Brent cotiza cerca de los 105 dólares por barril y el WTI ronda los 100 dólares. Estos niveles alimentan las presiones inflacionistas y pueden erosionar la capacidad de gasto de los hogares, especialmente en una economía donde el consumidor representa una parte esencial del crecimiento.
La respuesta dependerá de si el liderazgo tecnológico consigue seguir compensando el deterioro de otras áreas del mercado. Mientras Nvidia, Micron, Alphabet y el ecosistema de IA mantengan fuerza, los grandes índices pueden seguir aparentando solidez.
Pero el riesgo es claro: si la narrativa de la inteligencia artificial pierde intensidad o si los tipos y la inflación presionan más de lo esperado, la falta de amplitud puede convertirse en un problema. Un rally sostenido por pocos valores es potente mientras esos valores suben, pero vulnerable si empiezan las tomas de beneficios.
La bolsa estadounidense no está débil, pero sí está más frágil de lo que sugieren los índices. El liderazgo de la IA sigue mandando, aunque el resto del mercado empieza a advertir que el ciclo macro se está complicando.