Las acciones de Oracle atraviesan uno de los momentos más delicados de su historia reciente. El valor ha encadenado ocho sesiones consecutivas a la baja, con un desplome acumulado del 25%, lo que supone su peor racha de este tipo desde mayo de 2002. Al cierre de la última sesión, los títulos terminaron en torno a los 136 dólares, muy lejos de los máximos alcanzados hace apenas unos meses.
Este castigo se produce en pleno proceso de liquidación del sector tecnológico, especialmente en el segmento de software, pero en el caso de Oracle el golpe es doble. A las ventas generalizadas se suman las crecientes dudas sobre su elevada exposición a la inversión en inteligencia artificial y, sobre todo, sobre el fuerte aumento de su endeudamiento para financiar la construcción de centros de datos.
Desde hace meses, el mercado viene mostrando inquietud por el nivel de deuda que Oracle está asumiendo para reforzar su división de Oracle Cloud Infrastructure. Estas preocupaciones se intensificaron tras el anuncio de un ambicioso plan de financiación para 2026, con el que la compañía pretende recaudar hasta 50.000 millones de dólares mediante una combinación de deuda y ampliaciones de capital.
Como primer paso, Oracle completó recientemente una emisión de bonos por 25.000 millones de dólares, a la que se suman otras emisiones previas ligadas a su estrategia en IA. Aunque la empresa insiste en que mantendrá su calificación crediticia de grado de inversión, el mercado sigue cuestionando la magnitud del esfuerzo financiero.
El nerviosismo se ve amplificado por la estrecha relación de Oracle con OpenAI y por las dudas sobre la capacidad de esta última para monetizar a gran escala sus servicios y cumplir los compromisos de gasto en la nube. El temor de fondo es que una parte relevante de los acuerdos anunciados no termine convirtiéndose en ingresos reales al ritmo esperado.
El castigo a Oracle se produce además en un momento especialmente complicado para todo el sector del software. Los analistas hablan de una venta “implacable”, sin apenas señales de alivio, ante el miedo a que nuevas herramientas de IA terminen erosionando los modelos de negocio tradicionales del software empresarial.
Este contexto ha llevado a algunos estrategas a advertir de que las acciones de software podrían aún no haber tocado suelo, lo que aumenta el riesgo de que la presión bajista se prolongue en el tiempo, incluso aunque los fundamentales no se deterioren de forma inmediata.
En el caso concreto de Oracle, el mercado parece estar cuestionando la transición desde su histórico negocio de bases de datos hacia un modelo de gran proveedor de infraestructura en la nube e IA, un terreno en el que compite directamente con gigantes como Microsoft, Amazon o Google, con balances igualmente potentes pero con una percepción de riesgo distinta por parte de los inversores.
En resumen, la combinación de ventas sectoriales, elevada exigencia en IA y temor al endeudamiento ha colocado a Oracle en el centro de la tormenta. Hasta que no se despejen las dudas sobre la rentabilidad futura de sus inversiones y la conversión de contratos en caja real, el valor seguirá expuesto a una volatilidad elevada y a un mercado especialmente poco indulgente.