El complejo militar-industrial estadounidense ha cerrado 2025 con una visibilidad de ingresos sin precedentes. Según los últimos datos agregados, las cuatro principales compañías de defensa de Estados Unidos —Lockheed Martin, RTX, General Dynamics y Northrop Grumman— acumulan una cartera de pedidos conjunta cercana a los 675.700 millones de dólares, unos 570.000 millones de euros al cambio aproximado. Una cifra que refleja hasta qué punto la demanda global de sistemas de defensa se ha disparado en el actual contexto geopolítico.
El volumen de pedidos compromete años de producción futura y convierte al sector de defensa norteamericano en uno de los grandes ganadores del nuevo ciclo de rearme. La cartera conjunta de estas cuatro compañías no es solo un indicador de negocio; es también un termómetro de la intensidad con la que gobiernos y alianzas militares están reforzando sus capacidades.
En términos comparativos, la cartera de estas cuatro empresas equivale aproximadamente al 71% de los 800.000 millones de euros que la Unión Europea prevé movilizar hasta 2030 en defensa dentro del plan ‘ReArm Europe’.
El dato ilustra la enorme concentración de contratos en torno a un pequeño núcleo de contratistas estadounidenses, que siguen captando gran parte del gasto en defensa de sus aliados, además del propio Pentágono.
RTX encabeza el ranking, con una cartera total que ronda los 268.000 millones de dólares, aproximadamente un 23% más que un año antes. De ese volumen, más de 100.000 millones se vinculan directamente al segmento militar, mientras que el resto procede del negocio comercial (principalmente aeroespacial).
Muy cerca se sitúa Lockheed Martin, con un backlog en torno a los 193.600 millones de dólares, casi un 10% por encima de 2024. Su cartera se reparte entre programas aeronáuticos —donde destacan cazas de quinta generación—, misiles, sistemas de misión y el negocio espacial, que ha ganado peso en los últimos ejercicios.
El crecimiento de la cartera se produce incluso en un contexto de presión sobre márgenes y resultados, lo que pone de manifiesto la prioridad estratégica de mantener e incrementar las capacidades de defensa.
General Dynamics cierra 2025 con una cartera cercana a los 118.000 millones de dólares, lo que supone un salto de algo más del 30% respecto al ejercicio anterior. El grupo ha combinado crecimiento de pedidos con aumento de ventas y de beneficio neto, apoyado en programas de vehículos blindados, submarinos, aviación de negocios y otros contratos clave.
Por su parte, Northrop Grumman registra un backlog aproximado de 95.700 millones de dólares, alrededor de un 5% más que en 2024. La compañía mantiene una posición relevante en defensa aérea, sistemas espaciales, programas estratégicos y soluciones de alta tecnología, con una facturación anual que sigue avanzando, aunque a ritmos más moderados que algunos de sus competidores.
El hecho de que solo cuatro empresas estadounidenses concentren una cartera equivalente a más de dos tercios de lo que la UE aspira a movilizar en toda la década pone sobre la mesa varias cuestiones. Por un lado, la dependencia tecnológica y industrial de muchos aliados respecto a proveedores norteamericanos. Por otro, la dificultad de la industria europea para alcanzar tamaños y ritmos de contratación similares en el corto plazo.
En términos de mercado, estas cifras ofrecen a los grandes contratistas de defensa de EE.UU. una visibilidad de ingresos y flujos de caja excepcional para los próximos años, con potencial impacto en valoración, dividendos y políticas de recompra de acciones.
En paralelo, el plan europeo de refuerzo de sus capacidades —con ‘ReArm Europe’ como referencia— evidencia que una parte relevante de ese esfuerzo seguirá canalizándose, directa o indirectamente, hacia estos mismos proveedores. El resultado es un oligopolio global cada vez más consolidado, en el que la presión geopolítica y el aumento del gasto militar se traducen en libros de pedidos que marcan máximos históricos para la industria de defensa estadounidense.