Los mercados han vuelto a hacer lo que mejor saben hacer cuando el peor escenario no se materializa: subir deprisa y mirar hacia otro lado. Tras el fuerte castigo inicial provocado por la guerra con Irán, la renta variable global ha recuperado por completo las pérdidas y varios índices se sitúan ya en niveles previos al conflicto, o incluso por encima. El giro se explica, sobre todo, por la rápida retirada de la prima de riesgo geopolítica que llegó a pesar sobre las acciones, el petróleo y el dólar en el momento más tenso de la crisis.
El movimiento ha sido muy claro. Durante los primeros compases del conflicto, los inversores llegaron a temer interrupciones severas en el suministro energético, incluido un eventual cierre prolongado del estrecho de Ormuz. Pero en cuanto empezó a abrirse la opción de un alto el fuego, el mercado giró con fuerza. El posicionamiento defensivo acumulado durante semanas empezó a deshacerse a toda velocidad, y buena parte del rebote vino precisamente de ese reajuste.
Ese cambio de lectura permitió que muchos operadores dieran por hecho, quizá demasiado pronto, que el conflicto quedaría acotado y que la normalización de los flujos energéticos terminaría imponiéndose. A eso se sumó el cierre de posiciones bajistas y el regreso del apetito por riesgo, especialmente en valores más cíclicos y en compañías de menor tamaño.
Con el susto geopolítico en retroceso, el mercado ha vuelto a centrarse en sus motores habituales. Y ahí la inteligencia artificial sigue ocupando el primer puesto. La demanda de capacidad de procesamiento, la confianza en el crecimiento de beneficios y la menor preocupación sobre la financiación han vuelto a dar apoyo a las bolsas, sobre todo en los mercados con más peso tecnológico.
Además, el contexto macro ha ayudado. El mercado laboral estadounidense sigue mostrando resistencia y las expectativas de recortes de tipos por parte de la Reserva Federal para este año continúan sobre la mesa. Esa combinación de crecimiento razonablemente sólido, expectativas monetarias favorables y narrativa tecnológica ha devuelto con rapidez el llamado “espíritu animal” a los parqués.
Pese al rebote, la situación dista de estar resuelta. Las conversaciones de paz siguen mostrando fragilidad y las últimas amenazas de Washington recuerdan que Oriente Medio continúa siendo una fuente potencial de sobresaltos. De hecho, parte de las ganancias recientes ya ha empezado a moderarse, lo que sugiere que el mercado sigue reaccionando a titulares y que el optimismo no es tan sólido como aparenta.
Además, mientras las bolsas celebran, la renta fija lanza un mensaje algo menos complaciente. Los rendimientos reales y las expectativas de inflación todavía reflejan que no se ha eliminado por completo el riesgo de una crisis energética más prolongada y, con ella, de un escenario de estanflación. En otras palabras: las acciones han optado por mirar el lado amable; los bonos, de momento, siguen manteniendo cierta prudencia.